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Editor responsable: Rafael Franzini Batlle
miércoles, febrero 4, 2026

Conquistas, derrotas y mentiras

El Primero de Mayo, también conocido como Día Internacional de los Trabajadores, tiene su origen en 1886, cuando trabajadores de Chicago (Estados Unidos), organizaron una huelga para exigir una jornada laboral de ocho horas. La manifestación derivó en represión policial y el incidente del Heymarket, donde una bomba de dinamita fue arrojada hacia los policías.

En Uruguay sucedió algo similar. En 1911 los tranviarios, con jornadas laborales de hasta 16 horas, se unieron a otros gremios en una huelga general. La protesta generó enfrentamientos con la policía.  Gracias al liderazgo de José Batlle y Ordoñez  se establece en 1915 la ley de 8 horas de trabajo. “Don Pepe” veía la jornada de ocho horas como una medida fundamental para la dignificación del trabajo, la mejora de la salud y el bienestar de los trabajadores, fundamentales en el  desarrollo social y económico del país. La ley de ocho horas fue una de las grandes conquistas sociales de Uruguay, mientras  que en otros países los trabajadores eran férreamente reprimidos, Uruguay se alzaba con una ley visionaria para principios del siglo XX.

Este Primero de Mayo estuvo invariablemente plagado por discursos de dirigentes izquierdistas tratando de ser los defensores fundamentales de la fuerza laboral, en esencia una contradicción. Los regímenes de izquierda frecuentemente afirman defender los derechos de los trabajadores, pero al mismo tiempo los violan por razones como la necesidad de mantener el poder político, la complejidad de la implementación de políticas sociales y económicas, y las contradicciones entre diferentes objetivos ideológicos.

En America Latina podemos citar como ejemplo tres países culpables de violar los derechos de los trabajadores: Cuba, Venezuela y Nicaragua. Todos con realidades diferentes pero consistentes en violar los derechos laborales y por extensión lo humanos.

Nicaragua:

El régimen de Ortega-Murillo impuso una nueva constitución aboliendo la división de poderes, disolvió las instituciones democráticas y consolidó su poder indefinidamente. Ya no existe la protección a la libertad de asociación o el derecho a la negociación colectiva. El gobierno interfirió con las actividades sindicales e incluso arrestó a sus lideres. Derivó esto en un clima de temor que obstaculiza la capacidad de los trabajadores para organizarse, defender sus derechos y denunciar abusos laborales, incluido el trabajo infantil.

Venezuela:

Coincidente con los ejemplos de esta nota, solo dos jefes de Estado asistieron a la toma de posesión de Nicolás Maduro en enero: Daniel Ortega y Miguel Díaz-Canel. La farsa de las elecciones presidenciales fue una demostración de incompetencia, donde el gobierno de maduro no pudo, aún con meses de preparación, fraguar inteligentemente la votación.

El régimen de Maduro es un tipo de populismo de izquierda, uno muy duro. Mas de ocho millones personas han huido de Venezuela formando una vasta diáspora.

Después de un sinnúmero de arrestos y algunos asesinatos a sus caudillos, el control de los sindicatos ha pasado de los líderes sindicales tradicionales, aliados con la oposición, a nuevas organizaciones de trabajadores, a menudo alineadas con el gobierno. Más de 4 millones de personas han salido del mercado laboral debido a la pobre remuneración. Peor aún es que estos son los trabajadores más calificados y con mayor experiencia.

Cuba:

La crisis económica de Cuba es un problema multifacético, 6 décadas de una economía planificada al estilo soviético. Desde 1970 hasta su colapso, la Unión Soviética favoreció a Cuba intercambiando petroleo por azúcar a un precio significativamente superior al del mercado mundial. Cuando el subsidio soviético cesó, exacerbado por  algunos factores externos como las sanciones estadounidenses y el desplome de su aliado Venezuela, la economía colapsó. Se ha provocado estancamiento, inestabilidad macroeconómica y significativas repercusiones sociales, como la escasez de bienes y servicios esenciales tales como la electricidad, una alta inflación y una emigración generalizada. El fracaso del régimen se puede medir en su 91% de pobreza extrema.

La Central de Trabajadores de Cuba (CTC) es el único sindicato permitido en la isla y opera bajo el control del Estado. Según informes, actúa como “colaborador del poder político” en lugar de representar y defender los derechos de los trabajadores, contribuyendo así a la represión laboral sistemática en el país.

Es difícil comprender que mundo están observando ciertos políticos de izquierda. Quizás algunos simplemente mientan porque es conveniente a su causa. Existen otros que están tan profundamente comprometidos con doctrinas marxistas, socialistas u otras de izquierda y creen que cualquier fracaso se debe a sabotajes externos, presiones imperialistas o desviaciones del camino “verdadero”, más que a fallas del sistema. Culpar a otros retrasa la rendición de cuentas y ayuda a mantener una narrativa de superioridad moral. Lo que resulta inexplicable es que sigan apoyando a fallidos regímenes totalitarios como los mencionados.

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