Bajo el pomposo título de “alineación con estándares internacionales” y el paraguas de la OCDE, nos están vendiendo un paquete de impuestos que haría sonrojar a un recaudador medieval.
El festín es variado: US$ 700 millones anuales de recaudación adicional que le extraen directamente al sector privado para intentar tapar el agujero de un déficit fiscal que no logran bajar porque no quieren soltar la teta del gasto.
Se tiran de cabeza sobre las multinacionales con el IMCD, convirtiendo a Uruguay en el cobrador de morosos de los burócratas de París y sepultando la competitividad de nuestras Zonas Francas.
Manotean los ahorros en el exterior de la clase media con el IRPF, persiguiendo al contribuyente hasta el fin del mundo como si ahorrar fuera un pecado que merece penitencia eterna. Y, por si fuera poco, le ponen peaje a las compras por internet con el “Impuesto TEMU”.
Si usted creía que el cielo era el límite, se equivocó; el límite es la imaginación de un burócrata con hambre de caja.
La canilla que gotea oro (para el Estado)
La voracidad no se queda en los papeles de la DGI; se mete en su baño y en su cocina. Mientras le venden el “esfuerzo” del proyecto Casupá, le encajan un tarifazo de OSE del 8,5%.
Con una inflación proyectada del 3,5%, ese 5% de aumento real es un hachazo directo al presupuesto familiar. Son US$ 25 millones adicionales que nos sacan de la canilla, exactamente la misma cifra que el Estado se gasta anualmente en publicidad oficial.
Es el círculo perfecto del cinismo: le cobran de más en el recibo del agua para pagar los avisos de televisión donde le explican que el aumento es “por su bien”.
Inmobiliaria “El Estado”: Estancias y caprichos
Si a usted le sobra un peso después de pagar la cuenta de OSE, quédese tranquilo, que ya se lo gastaron por adelantado. Mientras le piden “sacrificios” a la clase media, el Instituto de Colonización se despacha con la compra de una estancia y campos aledaños por US$ 32 millones.
Es fascinante: al Estado uruguayo le falta eficiencia, pero le sobran ganas de jugar al estanciero con plata ajena.
Esos 32 millones representan casi la totalidad de lo que esperan recaudar persiguiendo a la gente que compra una remera o un repuesto en China. Piénselo la próxima vez que pague el IVA por un paquete: en realidad le está pagando las porteras y los alambrados a un funcionario que juega a la estancia con su dinero.
Ajuste para usted, compras de lujo para ellos.
El “quedarse con el vuelto” en la salud
Lo del FONASA ya roza el saqueo. Cambiaron la fórmula del “Costo Promedio Equivalente” para que a Usted, trabajador que aporta religiosamente, no le devuelvan ni un peso de sus excedentes. Son US$ 90 millones que el Estado decide confiscar de un plumazo.
¿Para qué? Quizás para ayudar a sostener esa estructura elefantiásica de cargos de particular confianza, asesores y secretarías que nos cuesta más de US$ 450 millones en el quinquenio.
La austeridad siempre es un concepto que se le aplica al vecino, jamás al jerarca de turno.
El socio tóxico que nunca pierde
Estamos ante un gobierno que actúa como un socio mayoritario forzoso. Se llenan la boca hablando de atraer inversiones con el “Tax Holiday” —alfombra roja para el extranjero que trae su capital— mientras le afilan el cuchillo al uruguayo que se quedó acá remando en el dulce de leche para pagar la ineptitud gubernamental.
Perseguirán las rentas en el exterior y los dividendos para rascar otros US$ 175 millones, aplicando una doble imposición moral sobre capitales que ya pagaron impuestos al generarse. Mientras tanto, siguen pidiendo préstamos, como el de US$ 130 millones para Casupá, hipotecando el futuro de los que todavía no nacieron.
La cuenta es clara: más impuestos, cero ahorro estatal y una montaña de gastos en nombres, cargos y estancias. El Estado uruguayo es ese invitado que no solo no trae nada a la cena, sino que se lleva las sobras, le critica el vino y después le manda la factura de la nafta del auto en el que vino.
Conclusión: Al final del día, la estrategia es transparente: nos quieren convencer de que el problema es que pagamos poco, cuando la realidad es que ellos gastan como si el dinero fuera infinito y el lomo del contribuyente fuera de acero. Sigan tirando de la cuerda, que cuando se corte, no habrá OCDE ni Pilar 2 que los salve de la caída.
Ustedes no están gobernando un país, están administrando un botín.


