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Un vómito agresivo
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Un vómito agresivo

Nada del fútbol, para los uruguayos, le es ajeno a la política. La relación de uno y otro, en un pueblo fanático del deporte más popular del mundo, y afecto a la hiperpolitización en varios ámbitos, es una buena base para entender y aceptar el hecho. Y si se quieren botones de muestra, la cantidad de políticos que pasaron por la dirigencia del fútbol, y viceversa, además de una tendencia novedosa de jugadores que se han incorporando a la actividad pública, sirven para ilustrar las cosas.

Y como las expectativas de la Copa América tienen a la mayoría de los uruguayos en vilo, desde las decisiones de Bielza hasta último baile de Luis Suarez, este editorial bien podría haber sido dedicado al sentimiento de unanimidad que supone todo un pueblo tras el juego de la Celeste en Estados Unidos. Es bueno, en medio de las elecciones internas que dividen a partidos y, dentro de estos, a tendencias, encontrar puntos de unión que nos recuerden que somos parte de un todo.

Pero no. Nos vamos a ocupar de otra cosa, porque la inauguración de la Copa América nos trajo una sorpresa,  aunque no era Huevo de Chocolate. Unos pastores gritones —en modo bilingue— se dedicaron a bendecir a todo el mundo, dirigentes, atletas y público presente y el que asistía tras la pantalla. Como si lo necesitáramos.

Las autoridades que decidieron el asunto, ignoramos si esto tiene que ver con la necesidad de algunos dirigentes de sentirse amparados por algún dios, erraron feo. Crearon una brecha innecesaria en el espíritu que debiera gobernar este deporte más allá de las diferencias que separan a los hinchas de un país y otro.

Por el origen de los pastores bilingües —paraguayos— adivinamos que la responsabilidad de dejar entrar a estos predicadores con pose de vendedores de bendiciones, le corresponde al presidente de la Conmebol, Alejandro Domínguez, lo que lo hace verdaderamente censurable y reprochable. 

Los Estatutos de FIFA son claros: el artículo 4 del Capítulo I, “Lucha contra discriminación, igualdad y neutralidad” establece que

 1. Está prohibida la discriminación de cualquier país, persona o grupo de personas por cuestiones de raza, color de piel, origen étnico, nacional o social, género, discapacidad, lengua, religión, posicionamiento político o de cualquier otra índole, poder adquisitivo, lugar de nacimiento o procedencia, orientación sexual o por cualquier otra razón, y será sancionable con suspensión o expulsión.

2. La FIFA se declara neutral en materia de política y religión. Se contemplan excepciones en los casos que afecten a los objetivos estatutarios de la FIFA. (los destacados son nuestros).

Y para mayor abundamiento, el Código de Conducta establece que 

1. En sus relaciones con instituciones gubernamentales, organizaciones nacionales e internacionales, asociaciones y agrupaciones, las personas sujetas al presente código, además de observar las normas generales del artículo 13, tendrán la obligación de mantener una posición política neutral, conforme a los principios y los objetivos de la FIFA, las confederaciones, las federaciones, las ligas y los clubes y, en general, actuar de una manera que sea compatible con su función e integridad.

2. El incumplimiento de este artículo será sancionado con la correspondiente multa, cuyo importe mínimo será de 10 000 CHF, así como con la prohibición de ejercer actividades relacionadas con el fútbol durante un periodo máximo de dos años.

A nuestro juicio los dos artículos son complementarios y, por lo tanto, Domínguez, debería ser sancionado. Y duramente, pues si admitió la pérdida de neutralidad respecto a los pastores que vociferaban la creencia en Jesus Cristo, lo hizo, además, desde una posición de poder directriz. ¿O no es pérdida de neutralidad la siguiente arenga procristiana? “Dios bendiga a América. El mensaje de Cristo sigue vigente hoy en día. . .nos dijo cree, porque el para aquel que cree todo es posible. Y estas palabras nos alientan a no desanimarnos, a creer en grande y creer que todo se puede (el destacado es nuestro).

Muchos podrían pensar que es asunto tiene una dimensión que no amerita dedicarle estas líneas a los pastores paraguayos. Pues no, no es así. Baste leer las reacciones a la prédica de los evangélicos en las redes sociales. Muy en blanco y negro, justamente trajeron los resultados que la FIFA busca evitar con la neutralidad. 

Desde los que mostraron su “Gratitud a Dios”, a los que hablaron de una “indignación selectiva” porque los medios que se molestaron no lo hicieron cuando se hizo “una recitación del Coran” en el mundial de Catar, pasando por quienes defendieron a los predicadores y se la toman con los que “se escandalizan por orar y declara bendición sobre América en Cristo” mientras se sienten agraviados porque “nos meten el mes del ‘orgullo’ hasta por los poros”, hasta llegar a los que piensan que “la controversia sucitaada por la bendición de la Copa América por dos pastores durante la ceremonia inaugural, evidencia una creciente tendencia de la sociedad a marginar la fe cristiana de la esfera pública” para rematar con “increíble la cantidad de progres llorando porque en la Copa América se pidió la bendición de Dios.»

Los ejemplos son claros, la bendición no ayuda a unir. Los que no se sienten representados por esa, o ninguna,  fe, tienen todo el derecho a ofenderse porque se les arenga a creer, justamente en quien no quieren creer.

Las autoridades de la Asociación Uruguaya, que más de una vez han visto como nuestro país fue perjudicado por la dirigencia de mundial del fútbol, haciendo honor a la tradición laica que inspira a nuestro país y teniendo en cuenta que la reacción no trajo unidad —algo que la FIFA promueve—debería llamar la atención a los responsables de esta pésima decisión, que amparó un vómito agresivo sobre quienes optan por creer en otras religiones o, simplemente, no creer en ninguna.

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