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Un debate para olvidar y recordar
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Un debate para olvidar y recordar

Washington, D.C.- Muchos demócratas están preocupados, algunos republicanos también. Los americanos, todos, deberían estarlo.

La gran expectativa previa no fue defraudada: para bien o para mal, el esperado y fuera de lo común temprano debate entre el presidente Joe Biden y el expresidente Donald Trump, reveló lo que muchos ya conocían y otros tanto sospechaban. Trump es un político que atrae y repugna al mismo tiempo. Biden está muy viejo.

Como todo debate, desde que Richard Nixon y John F. Kennedy inauguraran una era de mayor publicidad y cercanía, en un formato de confrontación que muestra algo más que las ideas contrapuestas de uno y otro candidato, el del jueves fue festejado y lamentado según las afiliaciones partidarias. A mi juicio, debería llamar a una profunda reflexión del elector americano, algo cada vez más difícil en el complejo mundo bipolar de estas últimas décadas.

Trump —aunque menos incendiario en las formas— confirmó lo que es: un personaje para el cual vale todo, desde mentir, confundir, jugar con la mitad de la verdad a mostrarse impertérrito ante las miserias que le aquejan. Un político a medida del complejo mundo bipolar de estas últimas décadas.

Biden, bien querido por sus fieles demócratas —con un aspecto patético en las formas— confirmó lo que se sospechaba de él: las dudas sobre su capacidad para gobernar una potencia mundial tienen fuerte asidero. Un político cuya credibilidad no soportaría el complejo mundo bipolar de estas últimas décadas.

Ambos casos son preocupantes. El maniqueísmo puede resolver cualquier contienda electoral con la simpleza del blanco y negro, para lo cual los mensajes al elector terminan siendo tan elementales que no pasarían la prueba de la responsabilidad que le toca al que elige. Pero el complejo mundo bipolar necesita mucho más de lo que se vio ayer y, al momento de elaborar, ninguno de los dos candidatos parece adecuado para el liderazgo que se le exige.

Una buena cosa ha ocurrido, sin embargo. La prensa liberal —obviamente mucho más favorable al presidente Biden— ha mostrado sin ambages el dilema que Estados Unidos tiene por delante, en una posición crítica que lamentablemente no es seguida por los medios conservadores partidarios de Trump. 

Un botón de muestra: Thomas Friedman, columnista de The New York Times, escribió: “Miré el debate solo en un cuarto de hotel de Lisboa, y me hizo llorar. No puedo recordar un momento más desolador las campañas electorales en mi vida, precisamente por lo que reveló: Joe Biden, un buen hombre y un buen presidente, no tienen nada que hacer presentándose a la reelección.”

El mismo medio llevó adelante una encuesta entre sus columnistas sobre el resultado del debate. Diez a dos —que favorecieron un empate— le adjudicaron la victoria al expresdidente. No tanto por su honestidad, preparación o ideas, sino por lo que Biden debía y no pudo demostrar: que su ciclo vital no afecta la forma en como podría ejercer la primera magistratura de aquí en más. Biden 2024 no es Biden 2020 y perder no le costará trabajo si se muestra como este jueves.

The Washington Post, por su parte, cuando reportó sobre las cinco principales conclusiones de la justa de quienes han ocupado la Casa Blanca, destacó las dificultades de Biden para presentar un discurso coherente; un buen momento del presidente para presentar la actitud de Trump el día que sus partidarios asaltaron el Capitolio y enrostrarle sus problemas legales; las afirmaciones falsas de Trump respecto a temas como la ejecución de bebés luego de nacidos y los ataques terroristas a Estados Unidos que nunca ocurrieron bajo su presidencia; que no fue un grana debate en términos de lo esperado y, por último, que el expresidente finalmente dio su parecer sobre el aborto: que cada Estado decida su pertinencia y que apoya la píldora que provoca la interrupción del embarazo.

Bien que se mire no son temas que hagan al peso internacional de Estados Unidos. Es cierto que los debates están enfocados al electorado y hay un prevalencia hacia los temas locales. Pero en un mundo, tal y cual está, en donde Estados Unidos tiene un papel indisimulado en el conflicto Rusia-Ucrania, Israel-Hamás, y como contracara de la creciente influencia China, un poco más de atención al asunto no daña.

Las aseveraciones de Trump en estos temas fueron, para decir lo menos, de corte grotesco. Pero los esfuerzos de Biden para contrarrestarlos se perdieron con el hilo de voz que apenas se oía desde su boca permanentemente abierta. No fue una buena imagen, tuvo ese tono ácido que posiblemente haya provocado inicialmente la comprensión de sus simpatizantes, para escalar, de a poco, al temor, cuando no a la ira. El tono de lo inexorable.

Sin embargo, a pesar del escrutinio por el cual está pasando Biden, que ha encendido las alarmas en la prensa y en su propia campaña–en la noche del jueves el Consejo Editorial de The New York Times» opinó que para servir a su país, Biden debe abandonar la contienda electoral, mientras que la vicepresidenta Kamala Harris admitió que Biden “tuvo un principio confuso” pero que “ estuvo bien donde cuenta”— parece que nada va a cambiar lo que ocurrirá en dos meses. Biden será confirmado como el candidato demócrata por la convención del partido. 

Para muchos —entre ellos no pocos dirigentes demócratas—Biden tozudamente cree que es el más adecuado para enfrentar a Trump y vencerlo. El tiempo dirá si no seguir la opinión del diario neoyorquino fue un error y el veterano político perdió una excelente oportunidad para tomarse un merecido descanso. . .

 

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