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Sobre la Violencia (II)
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Sobre la Violencia (II)

El aporte de Freud

Sigmund Freud fue un neurólogo y psicoanalista austriaco, nacido en 1856 y fallecido en 1939. Es considerado el fundador del psicoanálisis, una corriente importante en la psicología y la psiquiatría. Freud desarrolló teorías revolucionarias sobre la mente humana, como la importancia del inconsciente, la teoría de los sueños y el complejo de Edipo. Su trabajo influyó en la comprensión de la sexualidad, la personalidad y los trastornos psicológicos. A lo largo de su vida, Freud hizo contribuciones significativas al campo de la psicología y dejó un legado duradero en la comprensión de la psicología humana.

En su obra “El malestar en la cultura” (1930) Freud sugiere que la violencia hacia los más débiles puede ser una manifestación de la pulsión de muerte, una fuerza interna que busca la destrucción. Además, plantea que la cultura y la civilización imponen restricciones y normas a los seres humanos, generando tensiones y conflictos que pueden desencadenar actos violentos. La violencia hacia los más débiles puede ser una forma de escape o de desplazamiento de estas tensiones. Pero ¿qué quiere decir esto? Sigmund Freud plantea una perspectiva sobre la violencia hacia los más débiles, sugiriendo que puede ser una manifestación de la pulsión de muerte. Según lo indica Freud, esta pulsión de muerte es una fuerza interna que busca la destrucción y coexiste con la pulsión de vida. Al explorar esta idea, Freud nos lleva a reflexionar sobre las motivaciones detrás de la violencia y cómo se manifiesta en diferentes contextos.

Argumenta que la violencia hacia los más débiles puede ser considerada como una forma de canalizar la pulsión de muerte. Esta pulsión, que se encuentra arraigada en lo más profundo del inconsciente, representa un impulso destructivo que puede manifestarse a través de diferentes comportamientos violentos. La violencia hacia los más vulnerables se convierte así en una expresión de esta pulsión, una forma de satisfacer la necesidad de destrucción que existe en cada individuo.

Sin embargo, es importante tener en cuenta que la pulsión de muerte no actúa de manera aislada. Freud también señala que la cultura y la civilización imponen restricciones y normas a los seres humanos. Estas restricciones, aunque necesarias para mantener la estabilidad social, generan tensiones y conflictos en los individuos. Las normas y reglas sociales pueden limitar la expresión de deseos y necesidades, lo que puede resultar en una acumulación de frustración y resentimiento. Esta frustración acumulada puede desencadenar actos violentos, incluyendo la violencia hacia los más débiles. La violencia se convierte así en una forma de escape o de desplazamiento de estas tensiones y conflictos internos. Al dirigir la agresión hacia los más vulnerables, los individuos pueden liberar parte de la tensión que sienten y encontrar cierto alivio temporal.

En la película “El imperio de los sentidos” (1976) dirigida por Nagisa Oshima, podemos identificar algunos de los conceptos anteriormente señalados a propósito de la violencia. En esta obra cinematográfica, nos sumergimos en una trama que relata una pasión desenfrenada y una obsesión sexual que desembocan en una violencia extrema. Los protagonistas, cautivos de una relación erótica, se ven arrastrados hacia actos de violencia que culminan en la autodestrucción. Este relato nos brinda una vívida representación de cómo la pulsión de muerte, en clave freudiana, puede manifestarse en el contexto de una relación obsesiva y apasionada.

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La película nos conduce a reflexionar sobre la intrincada relación entre los deseos humanos y la pulsión de muerte, y cómo esta combinación puede conducir a actos de violencia, en este caso, una violencia que se mezcla pasión y obsesión. Además, la obra arroja luz sobre el impacto de la cultura y las normas sociales en la represión, en este caso, de los deseos sexuales. Esta represión, a su vez, puede dar lugar a una explosión de pulsiones reprimidas, creando un escenario donde los extremos se encuentran y colisionan de manera intensa. Nos plantea en definitiva, cuestiones incómodas sobre la psicología humana y la manera en que los deseos, la pulsión de muerte y las restricciones sociales convergen de forma peligrosa. 

Retomando el enfoque de Adorno, es esencial considerar el contexto cultural y su profunda influencia en la psicología de los individuos. En este sentido, la noción de “conciencia cosificada” se vuelve un concepto fundamental. La conciencia cosificada implica una forma de percepción en la que los individuos pasan por alto la importancia de la historicidad y, en consecuencia, ignoran o incluso niegan la estrecha relación entre esta historicidad y su estilo de vida adoptado. Esta omisión crucial puede limitarnos de manera significativa en nuestra búsqueda de respuestas con respecto al desafío que enfrentamos.

La conciencia cosificada, en esencia, lleva a una especie de alienación de la historia y de nuestras propias acciones. Al desconectar el presente de su raíz histórica y negar la interconexión entre nuestras decisiones y el curso de la historia, nos privamos de una comprensión completa de cómo hemos llegado a ser quienes somos y cómo nuestras acciones impactan en el mundo que nos rodea. Esta desconexión también nos impide abordar adecuadamente la pregunta que se nos plantea.

Cuando ignoramos la relación intrínseca entre nuestra historia personal y el contexto cultural en el que vivimos, nos encontramos en desventaja para afrontar los desafíos éticos y morales que se nos presentan. La comprensión de cómo nuestras acciones individuales se entrelazan con la historia y la cultura nos permite tomar decisiones más informadas y éticas, nos vuelve individuos críticos dentro de la sociedad.

En la película “El huevo de la serpiente” (1977), dirigida por Ingmar Bergman podemos ejemplificar de cierta forma lo anteriormente señalado. En esta obra somos transportados al turbulento escenario de la Alemania de Weimar en la década de 1920, un periodo de convulsión cultural y política que precedió al aterrador ascenso de Adolf Hitler al poder. En el corazón de la trama, dos personajes principales, un ventrílocuo y su asistente, luchan por sobrevivir en un ambiente saturado de decadencia y desesperación.

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La película, en su esencia, nos presenta un retrato sombrío de la alienación y la deshumanización en un momento histórico particularmente crítico. Retomando en este contexto el conceptos de conciencia cosificada que nos habla de una percepción en la que las personas desconectan sus acciones y elecciones del contexto histórico y cultural que las rodea, en la película, los personajes inmersos en un entorno hostil y deprimente, a menudo parecen alienados de la historia que les envuelve. No son completamente conscientes de cómo sus acciones pueden estar influenciadas por la sociedad que se desmorona y la amenaza inminente del nazismo. 

Esta desconexión entre la historia y la cultura puede entenderse como una forma de alienación que atrapa a los personajes en un ciclo autodestructivo y de desesperación. Su incapacidad para abordar de manera adecuada los desafíos éticos y morales se deriva de la falta de conciencia de cómo sus decisiones individuales se entrelazan con la historia y la cultura de su tiempo. En la película se advierte esa conciencia en una frase de esta: “Cualquiera puede ver el futuro, es como un huevo de serpiente. A través de la fina membrana se puede distinguir un reptil ya formado”. 

La comparación del futuro con un huevo de serpiente puede sugerir que el destino o los eventos futuros están latentes, esperando a desarrollarse, al igual que una serpiente que ya está formada dentro del huevo. La “fina membrana” puede interpretarse como la delgada barrera que separa el presente del futuro, una barrera que, cuando se percibe de manera más objetiva, puede llevar a una mayor conciencia de lo inevitable y, por ende, a una conciencia cosificada, lo que podría expresar la idea de que las personas, en ciertos momentos, pueden tener una visión más clara y objetiva de su futuro, como si estuvieran observando un proceso natural e inevitable que está a punto de desarrollarse (la violencia). Esta percepción podría llevar a una sensación de inevitabilidad y distancia emocional, contribuyendo así a la experiencia de conciencia cosificada, con una conexión entre la decadencia de la sociedad y la violencia, reflejando las tensiones entre los instintos individuales y las restricciones culturales, conceptos que Freud abordó en “El malestar en la cultura”.              

        

        

Referencias Bibliográficas

Adorno, T. W. (1993). Consignas. Amorrortu.

Freud, S. (1930). El malestar en la cultura. Editorial Alianza.

Bergman, I. (Director). (1977). El huevo de la serpiente [Película].

Oshima, N. (Director). (1976). El imperio de los sentidos [Película].

 

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