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Sobre la condición humana
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Sobre la condición humana

Ningún ser humano que merezca la calificación de tal ha podido dejar de horrorizarse y sentir repugnancia ante la masacre y otros actos de barbarie perpetrados por Hamas en perjuicio de mujeres, ancianos, hombres, niños, niñas. El fusilamiento a sangre fría de personas en sus casas y aún en sus camas, el desmembramiento y la exhibición cruel de cuerpos de mujeres como trofeos de caza, el asesinato sistemático de niños pequeños algunos de ellos decapitados, el secuestro de mujeres jóvenes. Nada de eso es aceptable, bajo ningún título o excusa, por otros seres humanos. Es un acto destinado exclusivamente a provocar terror en otros semejantes: terrorismo puro y duro que nos remonta a las épocas más oscuras de la evolución humana.

Sin embargo, luego de un corto período probablemente de estupor ante tanta atrocidad, algunos seres humanos de nuestro país, con completas credenciales de tales, comenzaron a explicar esos actos de barbarie y otros luego a justificarlos. Se trataba de seres humanos como cualquiera que esté leyendo estas líneas, otros chilenos y chilenas que probablemente amen a sus hijos o a sus nietos de edades parecidas a los masacrados y se conmuevan con el maltrato a la naturaleza o a los animales; seres humanos que rompen lanzas a diario por la dignidad de las mujeres y la protección de los ancianos. Y que sin embargo firmaron declaraciones colectivas, emitieron juicios personales y escribieron textos justificando, sí, justificando el horror, la masacre, la humillación, el abuso cometido contra niñas y niños, contra mujeres y ancianos sin motivo ni razón alguna, excepto la de encontrarse en el lugar en que, por un momento, la sevicia fue la reina y el odio fue el rey.

La justificación tiende a concentrarse en la idea del empate: Hamas hizo lo que hizo porque el Estado de Israel -no por cierto las víctimas inocentes asesinadas o raptadas- ha cometido atrocidades equivalentes.

Esa es la peor justificación, la más inhumana. No sólo porque la aplicación del “ojo por ojo” es la mejor vía para dejar a toda la humanidad ciega, sino porque si el Estado de Israel cometió antes actos atroces, éstos no van a ser ni compensados ni castigados por la vía de actos más atroces aún. La única vía para impedir y eliminar la atrocidad es rechazarla, denunciarla y unir voluntades en contra de ellas; no reproducirla y ampliarla. Por ello un acto de terrorismo bárbaro nunca puede ser explicado y mucho menos justificado. Siempre, provenga de donde provenga, sea inspirado por las causas que sea y ejecutado por las personas que sean, siempre debe rechazado y denunciado como lo que es: un acto de barbarie e inhumanidad. Un acto que nos hace retroceder como seres humanos. Un acto que nos degrada a todos como parte de esa humanidad, pero que degrada más a quienes los cometen y a quienes los justifican.

¿Qué explicación puede haber para que chilenas y chilenos como cualquiera de nosotros hayan incurrido en ese acto de inhumanidad? ¿Hayan querido justificar lo injustificable?

Sólo una. Quienes se han atrevido a justificar la barbarie de Hamas, lo han hecho porque entienden o sienten que los perpetradores pertenecen a su mundo, a la esfera de ideas y sentimientos con que ellos y ellas se identifican y que define a otros hombres y mujeres con los que sienten hermanados. Es el mundo de los progresistas, también de los que se sienten siempre víctimas, de los que explican sus existencias por alguna forma de opresión o injusticia siempre proveniente de un poderoso. De ellos, de sus hermanos, se perdona todo. Se silencian sus actos de injusticia y se perdonan sus atrocidades. Como ha ocurrido ahora, aún sus actos más bárbaros son justificados por la existencia de un “otro”, en este caso Israel, el verdadero provocador de esos actos, el que justifica que contra ellos se aplique la barbarie.

Y así, mujeres chilenas que en nuestro país han luchado infatigablemente por los derechos de las mujeres, son capaces de justificar o de guardar silencio frente a los actos bárbaros de un movimiento político que propugna una sociedad en la que las mujeres son consideradas meros objetos y carecen de todo derecho. Defensores de los derechos de la comunidad LGTBQ, firman declaraciones que buscan justificar la barbarie cometida por militantes que consideran la homosexualidad una aberración que debe ser perseguida. Luchadores por la democracia y los derechos humanos se esfuerzan por explicar un régimen clerical en el que la democracia no existe y los derechos humanos de hombres y mujeres son ignorados.

Sólo cabe pedirles, rogarles si es preciso, que no pierdan su humanidad, que la solidaridad de la tribu no los haga perder su condición de seres humanos. Que se unan al resto de los seres humanos que rechazan la barbarie, en la seguridad de que si mañana un movimiento político nacido en Israel o agentes del Estado de Israel, cometieran actos tan atroces como los que cometió Hamas, podrán encontrarse con el resto de la humanidad repudiando, denunciando y rechazando esos actos.

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