El pasado 16 de diciembre, el Consejo Directivo Central (CDC) de la Universidad de la República, a instancias de la Asociación de Docentes Universitarios del Uruguay (ADUR), adoptó la denominada Declaración de Jerusalén sobre el Antisemitismo (2021). Esta guía práctica para la apreciación de conductas antisemitas fue elaborada por sectores académicos de izquierda, incluidos numerosos intelectuales árabes sunitas y referentes del llamado Primer Mundo.
Estas políticas se inscriben en la misma línea que la reciente eliminación de la obligatoriedad de la enseñanza del Holocausto del pueblo judío en la educación media, comunicada en las últimas asambleas técnico-docentes. Se trata de una antigua reivindicación de la colectividad judía uruguaya que fue soslayada por las autoridades progresistas. La animadversión resulta evidente.
Volviendo a la Udelar, docentes y decanos universitarios buscan así evitar ser catalogados de antisemitas cuando, notoriamente, aprecian de manera sesgada el conflicto civil en la tierra de Israel-Palestina.
De hecho, como adelantamos en nuestra edición del 12 de abril, bajo la excusa del conflicto en Gaza, la Udelar adhirió en los hechos al movimiento de Boicot, Desinversión y Sanciones (BDS) contra el Estado de Israel, por el mero hecho de su existencia y con el objetivo explícito de forzar un cambio en sus leyes fundamentales, en consonancia con una visión progresista que —como sabe cualquier cristiano— en nada coincide con el islamismo arcaico de la Hermandad Musulmana, verdadero ethos de la causa palestina.
A la Udelar, la reciente carnicería en la República Islámica de Irán no parece causarle mayor preocupación, en virtud de un implícito “derecho a la auto-exterminación” de los pueblos. Sobre la invasión de Rusia a Ucrania no se pronuncia y, respecto del chavismo, su silencio es ya conocido.
La Declaración de Jerusalén sobre el Antisemitismo no tuvo mayor repercusión internacional y fue impulsada en Uruguay, entre otros, por el conocido antisionista Gregory Randall, profesor de filiación comunista que estuvo exiliado en Cuba durante la dictadura y que expresó públicamente su pesar por la muerte de Fidel Castro. Cabe recordar, además, que el actual rector de la Universidad de la República, Héctor Cancela, fue anteriormente presidente de ADUR. La causa palestina siempre jugó de local en el CDC.
Como explicó Emily Schrader en The Jerusalem Post (5 de abril de 2021), esta definición —titulada formalmente Declaración de Jerusalén sobre el Antisemitismo— tiene como objetivo principal socavar la definición de antisemitismo de la Alianza Internacional para el Recuerdo del Holocausto (IHRA), ampliamente aceptada a nivel internacional.
Detrás de esta iniciativa se encuentran numerosos judíos vinculados a organizaciones progresistas como If Not Now y Jewish Voice for Peace. El movimiento BDS la respalda, aunque de manera crítica.
La definición, firmada por unos 200 académicos, surgió a partir de una campaña de varios grupos judíos progresistas que sostienen que la definición de la IHRA “censura” la libertad de expresión y “silencia” la defensa de los derechos palestinos.
Entre los firmantes de la Declaración de Jerusalén figuran Peter Beinart, columnista judío estadounidense que escribe en Haaretz; Naomi Chazan, expresidenta del izquierdista Nuevo Fondo Israel; y Richard Falk, ex relator especial de la ONU para los territorios palestinos.
Si bien la DJA es similar en varios aspectos a la definición de la IHRA y también aborda diversas manifestaciones del antisemitismo contemporáneo, sostiene que muchas expresiones del activismo antiisraelí —como el BDS— no son antisemitas “en sí mismas”.
La Declaración considera antisemitas, entre otros, las siguientes acciones:
– Representar a Israel como el mal supremo o exagerar de forma desmedida su influencia real, como una posible forma encubierta de racializar y estigmatizar a los judíos.
– Aplicar al Estado de Israel símbolos, imágenes y estereotipos negativos propios del antisemitismo clásico.
– Sostener la idea de que los judíos están vinculados a fuerzas del mal.
– Promover teorías conspirativas según las cuales “los judíos” poseen un poder oculto que utilizan para controlar gobiernos, bancos o medios de comunicación, o actúan como “un Estado dentro del Estado”, incluyendo la atribución colectiva de responsabilidades por crisis o enfermedades, como la COVID-19.
– Difundir estereotipos sobre los judíos como ricos, avaros por naturaleza o antipatriotas, así como representaciones gráficas grotescas asociadas a la riqueza.
– Negarse a contratar o promover personas por el solo hecho de ser judías.
– Negar o minimizar el Holocausto, cuestionando la existencia de campos de exterminio, cámaras de gas o el número de víctimas.
– Responsabilizar colectivamente a los judíos por las acciones del Estado de Israel o exigirles, por ser judíos, que condenen públicamente a Israel o al sionismo.
– Asumir que los judíos no israelíes son necesariamente más leales a Israel que a sus propios países.
– Negar el derecho de los judíos en el Estado de Israel a existir y prosperar, colectiva e individualmente, como judíos, en igualdad de condiciones.
Acto seguido, los creadores de la guía práctica enumeran lo que no consideran antisemitismo:
– Apoyar las demandas palestinas de justicia y el pleno goce de sus derechos políticos, nacionales, civiles y humanos conforme al derecho internacional.
– Criticar u oponerse al sionismo como forma de nacionalismo, o proponer distintos modelos constitucionales entre el río Jordán y el Mediterráneo.
– Defender soluciones de uno o dos Estados, binacionales, federales o unitarios, que garanticen igualdad plena a todos los habitantes “entre el río y el mar”.
– Formular críticas basadas en evidencias al Estado de Israel, sus instituciones, principios fundacionales, políticas internas o conducta en Cisjordania y Gaza.
– Señalar la discriminación racial sistemática contra los palestinos y, aunque resulte polémico, comparar a Israel con otros procesos históricos como el colonialismo o el apartheid.
– Apoyar la campaña BDS.
– Expresar críticas severas o carentes de moderación contra el Estado de Israel.
En este marco, la Universidad de la República parece encaminarse a legitimar la caracterización del moderno Estado de Israel como un proyecto colonial o como un régimen de apartheid respecto de parte de la población árabe sunita que habita al oeste del río Jordán.
Así nos vá diría Patricia Madrid.
(Exp. 050011-000139-25) – Visto:
- a) La declaración remitida por la Asociación de Docentes de la Universidad de la República (ADUR) al Consejo Directivo Central (CDC), en relación al acuerdo de alto al fuego en Gaza, y la necesidad de reforzar la lucha contra el antisemitismo asegurando al mismo tiempo la plena preservación de la libertad de expresión (Distribuido Nº 1376.25)
b) La decisión del estado uruguayo de adoptar la definición de antisemitismo de la International Holocaust Remembrance Alliance (IHRA) a partir de enero de 2020. c) Las precisiones con respecto a la definición anterior que distintos académicas y académicos en los campos de la historia del Holocausto, los estudios judíos y los estudios de Medio Oriente han proporcionado como forma de combatir el antisemitismo protegiendo al mismo tiempo la libertad de expresión. d) El compromiso de la Universidad de la República con una solución de paz definitiva en la región de Medio Oriente y el rechazo a la violencia como forma de resolución de conflictos ya expresadas en las resoluciones nro. 40 del 16/04/2024 y nro. 2 del 08/04/2025 del CDC.
Considerando:
a) Que el artículo 2 de la Ley Orgánica de la Universidad de la República establece entre sus fines la defensa de los derechos humanos, los valores morales y los principios de justicia, libertad, bienestar social, y la forma democrático-republicana de gobierno.
b) Que la definición propuesta por la IHRA, pero especialmente los ejemplos que acompañan a la misma, llevan a la criminalización de la protesta en la medida en que incluyen la crítica a las políticas del gobierno de Israel dentro de lo que podría considerarse antisemitismo, con los efectos nocivos que esto puede generar en la libertad de expresión. - c) Que distintos académicas y académicos del mundo especializados en la temática cuestionan la definición anterior y que existe una herramienta con más de 370 signatarios que precisan con claridad este concepto, al tiempo que buscan preservar la libertad de opinión, como es el caso la Declaración de Jerusalem sobre el antisemitismo. d) La necesidad de tener herramientas concretas para identificar el antisemitimo y preservar la defensa de los derechos humanos y la libertad de expresión a nivel nacional y en la Universidad de la República en particular.
El CONSEJO DIRECTIVO CENTRAL RESUELVE:
1) Instar a la comunidad universitaria a mantenerse alerta ante cualquier situación que implique violencia o discriminación racial, étnica, religiosa u otra, y preservar el derecho a la libertad de expresión en el marco del respeto y la defensa de los derechos humanos que caracteriza a la institución.
2) Reconocer el esfuerzo de la comunidad internacional, y principalmente de la sociedad civil organizada, para que un alto al fuego tuviera lugar en la región, con la consiguiente liberación de rehenes y presos políticos israelíes y palestinos, reclamando que el acuerdo sea respetado y se deje ingresar la ayuda humanitaria a Gaza, y sin perjuicio de las consideraciones de que una solución de este tipo no es suficiente, y que la paz exige el fin de la ocupación israelí y el reconocimiento pleno de los palestinos a su derecho a existir en un Estado libre y soberano, así como el derecho al retorno de los refugiados.
3) Solicitar al gobierno uruguayo que la definición de antisemitismo propuesta por la IHRA y sus interpretaciones no sea utilizada de manera oficial y evalúe el retiro del país de este espacio institucional.
4) En tanto lo anterior no se concrete, demandar al gobierno uruguayo que se utilice la Declaración de Jerusalem sobre el antisemitismo como herramienta para interpretarla, lo que permite distinguir con claridad las críticas legítimas al accionar del Estado de Israel de las formas de discriminación racial, étnica y religiosa de las que históricamente el antisemitismo ha sido una expresión más.
5) Adherir, en tanto Universidad de la República, a la definición de antisemitismo y su interpretación contenida en la Declaración de Jerusalem.
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