La firma hoy en Paraguay del acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea, significa un avance enorme en las relaciones políticas y económicas de la región con el viejo continente.
El acuerdo, que debe ser visto más allá de los impactos económicos, acercan a la región a un bloque de un peso político sustancial, en momentos de arduas disputas geopolíticas e incertidumbre mundial.
Sin dudas que el alineamiento total a Estados Unidos, por más que estamos en su zona de influencia, no es deseable ni conveniente para la región, así como tampoco lo es la influencia creciente de China en América Latina.
En estos tiempos, Uruguay debe apostar al multilateralismo y mantener relaciones equilibradas, no sólo con Estados Unidos, sino también con Europa, los países del Acuerdo Transpacífico, Israel, China, India y los países árabes.
Europa es, más allá de algunos países en donde ha avanzado la extrema derecha, un bloque moderado, donde por lo general predominan posiciones intermedias, en las que predomina la racionalidad.
Su crisol de culturas, su historia milenaria, sus avances en el campo científico, tecnológico, industrial y comercial, y fundamentalmente, su modelo de integración, pueden ser claramente un ejemplo para el Mercosur, que ha evidenciado avances escasos en sus 35 años de funcionamiento.
Por cierto, que la Unión Europea es un modelo a mirar, en particular su Comisión Europea, su Parlamento Europeo, su moneda común y su espacio de libre circulación de personas y mercaderías.
Somos hijos, nietos y bisnietos de europeos, y este acuerdo nos acerca a esas raíces profundas, basadas en la unión, el trabajo, el progreso material y cultural y el desarrollo con justicia social.
Quizás este acuerdo abra las puertas para un mayor intercambio político en el futuro, con organismos de coordinación políticos en común, más allá de las representaciones diplomáticas instaladas en cada país y ante la propia Comisión Europea.
En el aspecto estrictamente económico, el acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea, será el mayor del mundo, dado que comprende a unos 700 millones de personas y reúne a alrededor del 20% del PIB mundial.
En 2025, Uruguay exportó a la Unión Europea por USD 1.836 millones, con la celulosa como principal rubro de exportación, con USD 687 millones (37% del total), seguida por la carne bovina, con USD 596 millones (32% del total).
El tratado comercial significará para Uruguay en el mediano plazo un crecimiento del PIB de algo más de 1,5%, de las exportaciones de bienes del orden de 4%, del empleo de 0,5% y de cerca de 1% en el salario real.
Según una evaluación realizada por el Banco Mundial en 2022, los sectores más favorecidos en Uruguay serán el agropecuario y los alimentos, cuya exportación podrá expandirse 1% de acuerdo al escenario base, con la carne bovina, los productos animales y el trigo como principales beneficiados.
A su vez, señala que los vehículos y las autopartes, los productos minerales y metálicos y los lácteos tendrían las “mayores caídas”.
Previo a la firma del acuerdo, la Unión Europea podía entrar al Mercosur pagando el Arancel Externo Común de 16% para la mayoría de los lácteos, pero una vez que entre en vigencia tendrá libre acceso para leche en polvo, fórmulas infantiles y quesos en los países del Mercosur.
Tanto en ámbitos empresariales como sindicales, el acuerdo genera dudas y temores de que el país pueda ser invadido por productos europeos y se “primarice” aún más la producción uruguaya”.
“Mientras que la Unión Europea elimina la mayor parte de los aranceles en los primeros cuatro años de vigencia del acuerdo, el Mercosur lo hace en 15 años. Esa es una señal de asimetría, es decir, nos damos más tiempo para ajustarnos al ingreso de productos europeos”, señaló recientemente la vicecanciller, Valeria Csukasi.
Csukasi recordó además que “por primera vez en una negociación, el Mercosur otorga cuotas de acceso para productos que identifica sensibles”.
Por cierto, que además de la eliminación de aranceles y el establecimiento de cuotas, el Estado, tanto para este acuerdo como para el Transpacífico, deberá apoyar la producción nacional con políticas que recuperen la competitividad, tales como tratamiento impositivo, promoción de inversiones, créditos blandos y corrección del atraso cambiario.
El camino para la optimización de los beneficios para Uruguay puede ser largo y para nada sencillo, pero vale la pena recorrerlo.
