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Reflexiones sobre el golpe
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Reflexiones sobre el golpe

Abogado, periodista, ex legislador, ex Presidente de la República (1990-1995) (Partido Nacional)

Los acontecimientos históricos no ocurren espontáneamente, sin raíces ni frutos. Lo que hoy recordamos, el golpe de Estado de 1973, tiene una larga maduración y largas también consecuencias.

El marco jurídico institucional del Uruguay de entonces había sido modificado en 1967, pasando del sistema colegiado al presidencial. 

La última elección del antiguo sistema había dado ganador al Partido Nacional. En 1966 y en 1971 el éxito había sido del Partido Colorado; había pues un mecanismo que permitía la alternancia en el poder. Se podía elegir entre varios partidos para dirigir la país: blancos o colorados, Partido Demócrata Cristiano, Partido Comunista, Trotskista, Unión Popular. 

La prensa era totalmente libre así como los derechos de reunión y expresión. Los tres Poderes actuaban dentro de las normas. Un sistema de garantías como era costumbre entre nosotros.

Seguían sí, dificultades económicas y no se acertaba con medidas de reactivación .

La Revolución Cubana tuvo sus entusiastas adherentes, alguno de los cuales tuvo la peregrina idea de iniciar acciones revolucionarias pese a que el propio Ernesto Guevara aconsejara no elegir ese camino en un país como el nuestro. Una minoría soberbia creyó que se podía sustituir la urna por la bomba y así lo hizo.

El Estado se defendió con sus organismos correspondientes, la Policía y las Fuerzas Armadas. En mayo de 1972 la amenaza estaba conjurada, la minoría que creía que sabía más que la gente votando, fue derrotada.

Dentro de las Fuerzas Armadas y con la colaboración del Presidente Bordaberry, otra minoría, que también presumía de saber más que los ciudadanos electores, resolvió convertir su éxito profesional en ejercicio del poder.

Doce años de ilegalidad tuvimos que sufrir entonces, proscripciones de partidos y dirigentes, persecución política y violación de derechos. Hace cincuenta años.

Hoy no queremos volver sobre el pasado pero no podemos analizar o proyectar el futuro sin una base de análisis. Todos, actores y testigos, viejas generaciones que vivimos esos hechos en carne propia y – sobre todo – los que solo saben que eso pasó, debemos mirar para adelante. Como memoria de los errores y con voluntad de que solo la libertad y el cumplir la ley nos deben unir. 

Políticos, dirigentes sindicales, ciudadanos: nunca más ver en otro oriental un enemigo, nunca más creer en las cirugías políticas ni en la sustitución del voto por otro mecanismo de legitimar el poder. De todos depende que esto sea realidad.

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