Ana, Brasil, Basilio Muñoz llamó a los blancos “posibilistas” y a los batllistas “netos” a una reunión en la localidad riograndense de Cazequy el 27 de marzo. Durante varias semanas, los conspiradores estuvieron escondidos en la estancia de Manuel Vidart, en Poncho Verde, fuertemente vigilados por las autoridades brasileras. Entre las personalidades políticas que decidieron apoyar el levantamiento se encontraban: Tomàs, Berreta, Luis Batlle Berres, Ismael Cortinas, Carlos Quijano y Arturo González Vidarte, entre otros.
Luego del fracaso de la conspiración armada de abril, las fuerzas opositoras realizaron un acto multitudinario el domingo 11 de agosto, denominado “por las libertades públicas “. La bandera de los Treinta y Tres Orientales flameaba como símbolo de las fuerzas antidictatoriales. La primera acción revolucionaria tuvo lugar el 26 de enero de 1935 en las cercanías de la ciudad de Mercedes, departamento de Soriano y fue conducida por el ciudadano de dolores el blanco radical Antonio Passeyro.
Estuvo al mando de 28 hombres armados con fusiles y apoyado por vehículos pequeños y camiones. A ello se les unió otro grupo con la misma cantidad de hombres provenientes de Rosario (Colonia) al mando de Leopoldo Pignataro y de San José llegaron más revolucionarios, en los cuales venía el escritor, en ese momento nacionalista, Paco Espínola. Estas fuerzas revolucionarias debían bajar hacia el oeste para juntarse con la “División, Cerro Largo” de Justino Zavala Muniz, para presionar Montevideo y exigir la dimisión del dictador. Sin embargo, nada salió como lo planeado, las tropas de Passeyro fueron derrotadas por el ejército gubernamental en Paso Morlán. El 28 de enero de 1935, en el puente de Paso Morlán, cerca de la ciudad de Rosario se logra un enfrentamiento formal entre los revolucionarios y el gobierno. En este arroyo se apostaron 72 revolucionarios, compuestos por blancos, colorados, socialistas, anarquistas y comunistas provenientes, de San José, Colonia y Soriano. Todos llegaron sin pertrechos y mal dormidos. El Batallón de Infantería Nº11 con asiento en Colonia, se movilizó en camiones por la ruta 1 con 40 soldados, dos oficiales y tres ametralladoras pesadas (Browning) 50 mm, en la comisaría de Rosario se sumaron 15 agentes, dos cadetes de la Escuela Militar y algunos voluntarios. Cuando hicieron su aparición las cachilas de los revolucionarios fueron recibidas con ráfagas de metralleta. La columna rebelde no pudo llegar a San José y los prisioneros fueron conducidos a la comisaría y después al cuartel de Colonia. Al pasar las 48 horas fueron puestos en libertad por orden del Ministro de Defensa. Basilio Muñoz ante los resultados adversos da orden de ensillar y marchar hacia Brasil. En ese momento hace aparición la Fuerza Aérea Uruguaya, primera acción de su historia en entrar en combate. Durante el combate una bomba cayó en el centro del campamento, ocasionando el fallecimiento de Enrique Goycochea, Segundo Muniz, Luis Gino y Basilio Pereyra. Los revolucionarios se disuelven y Basilio Muñoz se exilia a Brasil. El gobierno denominó a este levantamiento con el termino despectivo de la “Chirinada”. El apoyo de las unidades militares gubernistas fue nulo y condenó, entre otras cosas, la revuelta antiterrista. El senador batllista Raúl Cordones Alcoba testigo de la época, recordaba así algunos hechos: “Primero hubo mucha espera de los militares. Los militares comprometidos fueron siendo descubiertos poco a poco. El Regimiento de Infantería del Pantanoso tuvo durante un mes seguido los cañones encima de los camiones para salir y nunca llegó a concretarse. Por otro lado, el Batallón de Florida, que era claves no pudo levantarse por la infidencia de un teniente,”.
EL TEMOR AL RECUERDO
El 4 de octubre del 2013 dejó de existir, en la ciudad de Dolores, Bonifacio Fernández, el último combatiente de Paso Morlán. El hecho pasó desapercibido. La memoria de algunos dirigentes políticos ante estos hechos parece producto de una amnesia consciente y antojadiza, pensando que la historia los dejará abandonados en un baúl. Pero nosotros estamos dispuestos hurgar en ese baúl y los rescataremos para que vuelvan hacer parte de la memoria colectiva de este pueblo. Ellos están entre nosotros, recordándonos que la lucha por la libertad y los principios no tiene fin.


