
Hoy solo quiero expresar lo que siento frente a la injusta reacción de una parte de los integrantes del “nuevo Partido Colorado” ante el apoyo expresado por Zaida González Legnani al candidato Yamandú Orsi. Zaida ha demostrado hoy, una vez más, que es una mujer valiente que ha ejercido su derecho fundamental a la libertad de pensamiento y expresión al manifestar su apoyo político a un candidato distinto del que su partido ha decidido respaldar. Este acto de valentía y convicción merece no solo nuestra comprensión, sino también nuestro respeto y apoyo, sin importar en absoluto si estamos o no de acuerdo con esa decisión. Es una cuestión de cómo entendemos la política y la libertad en sí, y yo estoy siempre del lado de la libertad.
En primer lugar, es crucial recordar que la libertad de pensamiento y expresión es un derecho humano fundamental, consagrado en nuestra Constitución y en diversos tratados internacionales de derechos humanos. La señora Zaida ha ejercido este derecho de manera legítima y transparente, expresando su apoyo político de forma clara y pública. En una democracia, es esencial que todos los ciudadanos, incluidos los miembros de partidos políticos, tengan la libertad de expresar sus opiniones y preferencias sin temor a represalias.
Zaida representa un ejemplo inspirador del rol de la mujer en la política. En un ámbito históricamente dominado por hombres, su valentía y determinación para expresar sus convicciones políticas son dignas de admiración. Las mujeres en la política enfrentan numerosos desafíos y presiones, y esto se evidencia cuando, después de las elecciones, vemos la ínfima participación que tendrán las mujeres en el parlamento, y más aún, por el Partido Colorado. En este caso, corresponde la defensa, porque ha demostrado una integridad y un coraje excepcionales al ser coherente con sus creencias de manera pública y abierta, como lo hace un batllista de ley.
Pero lo más importante de todo este culebrón que se ha armado en torno al tema es que, a diferencia de otros dirigentes que han peregrinado hacia la “famosa chacra presidencial” en busca de acuerdos secretos, ella tuvo el coraje de hacerlo de forma pública y dando la cara, no como otros que hoy la critican y piden su expulsión de forma desmesurada y miserable, demostrando una cobardía repugnante.
Los partidos políticos, como instituciones fundamentales de la democracia, deben operar bajo principios de transparencia y respeto a sus propias normas internas. Cuando un partido toma decisiones sin seguir los procedimientos establecidos, se pone en riesgo la legitimidad de esas decisiones y la confianza de sus miembros. En este caso, el acuerdo del partido con la llamada Coalición no siguió los pasos previstos por las normas, especialmente el artículo 21 de la carta orgánica, que de forma clara expresa que “La Convención podrá concretar acuerdos con otras colectividades políticas siempre que ellas tiendan a facilitar la realización del Programa del Partido. Igualmente podrá concretarlos con fines electorales para lo que se requerirá la aprobación de los dos tercios de sus integrantes.”
Esa flagrante violación no es nada nuevo en el Partido Colorado, que ya en varias oportunidades ha efectuado acuerdos similares sin dar cumplimiento a sus propias normas, demostrando que de republicanismo poco y nada le va quedando. El propio diario “El Día” publicaba el 18 de marzo de 1919 en su página 3: “La casa del partido debe ser el centro donde se reúnan, conversen y cambien ideas todos los hombres representativos de la agrupación a que pertenecen. Todas las cuestiones de interés público y partidario deben ilustrarse y deliberarse en ese local ampliamente abierto a las inspiraciones generosas y patrióticas.”
El espíritu republicano, ese que llegó a inspirar frases impactantes como la expresada por Marco Tulio Cicerón, afirmando que “Seamos esclavos de la ley, para poder ser libres”, no lo encontramos entre las paredes de la gloriosa casa de la calle Martínez Trueba. El personalismo y la obediencia, que no es lo mismo que la disciplina, le han ganado no solo el corazón y la cabeza a la colectividad colorada, también le han sacado el propio espíritu. No se comprende de ninguna forma la falta de apego a principios básicos de la república como son la libertad y la legalidad, pero lo que menos se comprende es la intolerancia y el patoterismo, y menos hacia una mujer.
Las actitudes adoptadas por el Partido Colorado y sus miembros han ignorado sistemáticamente y de manera flagrante las normas partidarias desde al menos 2014. Además, las reacciones desmedidas hacia quienes ejercen su libertad sin violar normas ni principios partidarios contrastan con las omisiones descaradas de las autoridades. Estas autoridades han comprometido en nombre del Partido un apoyo que no fue decidido por el órgano competente, lo que invalida dicho acuerdo y justifica plenamente la postura de Zaida.
Por último, quiero referirme a la cretina actitud de un legislador y del propio candidato a presidente, expresando que tienen que googlear a esos dirigentes que expresaron el apoyo a Orsi. Lo único que me genera es indignación y vergüenza, que altos jerarcas del Partido, que se jactaba de ser “el escudo de los débiles”, tengan este tipo de dirigentes con estas reacciones. No solo me da fastidio, principalmente me da vergüenza, porque revela que no solo no son el escudo de los débiles, sino que desconocen y no respetan a personas que han trabajado y militado por el partido de forma activa y comprometida durante muchos años.
Pero ya que tienen que ir a Google a buscar a estos “desconocidos” dirigentes, que aprovechen y busquen sobre la historia del Partido Colorado, su fundación y la fecha en que asumió la Presidencia de la República el político más importante de la historia nacional, quien hasta el día de hoy nos inspira y convoca, don José Batlle y Ordóñez.


