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Editor responsable: Rafael Franzini Batlle
miércoles, febrero 4, 2026

Las historias detrás de la serie de Netflix.

Shanik Goodman de Berman es una de las reporteras más veteranas del espectáculo en México y, en el ocaso de su carrera, conduce un streaming.
Tras leer la novela Nadie los vio partir, salió a buscar a su autora. Para eso habló con su hermanastro, el doctor Eduardo Césarman, quien se negó a darle su contacto telefónico. Como se vé, las heridas que se cuentan en la novela siguen todavía abiertas.

La Doctora en Letras Tamara Maus Trottner es la verdadera niña de cinco años secuestrada —junto a su hermano, cuatro años mayor— cuya historia inspira la serie que arrasa en Netflix.

Hoy está casada hace 38 años y es madre de tres hijos y abuela de uno. No conocemos su edad, pero podemos intuirla. Sí sabemos la de Shanik: 66 años. Tamara es más joven y no conocía personalmente a esta veterana figura de la televisión.

Nadie nos vio partir está inspirada en una novela de ficción basada en hechos reales.  Tamara la define como una autoficción. Y es que los hechos reales —ocurridos en los años setenta, no en los sesenta como se dice en la serie— resultan más fascinantes que la ficción misma. A ellos nos abocamos.

 

Shanik, la conductora del streaming, solía llamar al co-protagonista, el arquitecto y diplomático Teodoro Maus, “el Tío Rico”. También contó que la madre de Tamara, la artista plástica Josele Trottner, la heroína que atraviesa mar y tierra para recuperar a sus hijos, era muy amiga de su propia madre.

Josele Trottner fue la segunda esposa del cardiólogo Teodoro Césarman Vitis  (1923–1997) y antes fue su cuñada. Césarman era un nombre destacado de la medicina mexicana. Hijo del empresario editorial Carlos Césarman, obtuvo el Premio de la Academia Nacional de Medicina en 1959. En 1996 publicó Quema mis versos, una colección de 71 poemas que había guardado como un tesoro personal.

Césarman también incursionó en la música: escribió junto a José Ángel Espinoza “Ferrusquilla” la canción Hasta aquí nomás. Fue médico de León Felipe, Gabriel García Márquez, el expresidente Vicente Fox y Octavio Paz, quien incluso le dedicó un poema. María Félix lo llamaba “Maimónides”.

De su primer matrimonio con Josefina Maus Reisbaum nacieron dos hijos: Eduardo —médico y empresario— y Gabriela. Josefina falleció a los 87 años, el 21 de julio de 2024.

Como adelanté el padre de la autora era Teodoro Maus, arquitecto y diplomático mexicano, nacido en 1934. Se desempeñó durante más de una década como cónsul de México en Atlanta, donde fue un reconocido líder comunitario y activista. Falleció en noviembre de 2019.

El Nuevo Georgia recordó que ayudaba a quienes enfrentaban problemas económicos. También fue escritor y cineasta, cofundador del Fondo de Becas Celia y Marcos y de la Alianza Latina de Derechos Humanos de Georgia. El exgobernador Roy Barnes lo describió como “un gran amigo y un líder nato de la comunidad latina”.

Tras su divorcio de Josele Trottner, Maus volvió a casarse dos veces más y tuvo otros hijos.

Probablemente el prestigio del cardiólogo Césarman, futuro esposo de Josele, fue decisivo para que el FBI y la Interpol intervinieran en el caso.

Tamara Maus Trottner cargó con la historia desde los 16 años. Al reencontrarse con su padre le preguntó:

¿Cómo te atreviste a secuestrarnos? ¿Cómo pudiste decirle a una niña de cinco años que su mamá no la quería, que su perro había muerto, que su nana se había ido?

Shanik Goodman de Berman le respondió: “Tenía el corazón roto”.

Tamara cuenta que, al escuchar la versión de su padre, logró comprender su punto de vista. Pasó veinte años sin verlo. Culpa a su madre, que le prohibió el contacto por temor a un nuevo secuestro. De adulta lo visitó en Atlanta varias veces y conoció a su nueva familia. Todo quedó en paz.

¿Tú hubieras hecho algo así? Le preguntó Shanik.

No se secuestran a los hijos respondió Tamara. Usarlos como moneda de cambio los daña profundamente.

Explicó que su padre actuó impulsado por  su abuelo, como cuenta la miniserie  y reconoció que aquel peregrinar transcontinental fue, en parte, “divertidísimo”. Se sintió cuidada. Le explicó a su entrevistadora que hoy eso se llama violencia vicaria: cuando un hombre hiere a sus hijos para dañar a la madre. “Fui víctima de un secuestro emocional”, dijo.

Pese a todo, asegura que su padre fue “un gran ser humano”. Cuando su propia hija cumplió cinco años, Tamara sufrió un ataque de pánico. Su esposo la tranquilizó: no voy a robárme a nuestra hija. Entonces comprendió la magnitud del daño que le había causado su padre.

Hoy es una de las principales activistas del Frente Nacional contra la Violencia Vicaria. Ha hablado del tema en varios parlamentos regionales:

“Los hombres suelen tener más dinero y buscan control”, afirma.

Pidió a Shanik que contextualizara los hechos: en aquel entonces, buena parte de la colectividad judía mexicana había tomado partido por el arquitecto Maus tras conocerse el adulterio de su esposa con su cuñado, aunque los padres de Josele defendieron a su hija con uñas y dientes e invirtieron su fortuna en el proceso de búsqueda de sus nietos.

“Aprendí —dice Tamara— que en una historia hay tantas verdades como personas. Cada quien tiene la suya.”

¿Por qué no estabas enojada con tu mamá, que fue quien dejó a tu papá? preguntó Shanik.

Mi papá nunca quiso secuestrarnos, no era consciente de lo que hacía, respondió Tamara. Mi padrastro, el doctor Teodoro Césarman, fue un gran ser humano. Mi madre y él se adoraron hasta el último día de sus vidas.

En la vida real, el médico no la acompañó en la búsqueda de sus hijos.

Fuentes visuales: capturas del podcast “Nadie nos vio partir: La historia de Tamara Trottner” Enlace

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