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Gerardo Caetano
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Historiador, politólogo, escritor, deportista

La vigencia inspiradora de Batlle y Ordóñez a 50 años del golpe de Estado de 1973

En Uruguay nos vamos acercando a los 40 años de democracia ininterrumpida. Y la democracia requiere como uno de sus principales sustentos, la memoria, en especial a propósito de los pasados traumáticos. En ese sentido, pocos procesos y acontecimientos resultan más trágicos para la sociedad uruguaya que el recuerdo de la caída de las instituciones tras el golpe de Estado, que terminó de consumarse en junio de 1973 pero que sin duda había comenzado a fraguarse bastante antes. 

La dictadura que se abrió en 1973 desplegó un siniestro terrorismo de Estado, en coordinación con las otras dictaduras conosureñas dentro del Plan Cóndor. Durante su transcurso de más de una década hubo 197 detenidos desaparecidos, más de 125 asesinatos políticos, más de 9000 presos políticos (el mayor porcentaje en relación con la población dentro de América Latina), tratados a menudo en forma inhumana. Hubo miles de exiliados, se estableció un régimen de terror con práctica sistemática de tortura, imperó un régimen totalmente arbitrario, con censura de prensa, vulneración de las libertades individuales, destituciones sin motivos… De muy diversas formas y maneras, las grandes mayorías de la sociedad sufrieron aquellos años de autoritarismo, en el marco de una dictadura típica de las que se inspiraron en la “Doctrina de la Seguridad Nacional”, como las que asolaron la región por la época. 

Por aquellos años, desde las páginas editoriales de “El Día” podía verse día a día la imagen desafiante de José Batlle y Ordóñez, debajo de la cual se ponían algunas de sus frases más emblemáticas en torno a su visión republicana de la libertad y de la democracia, su perspectiva transformadora sobre la necesidad imperiosa de un Estado social que fuera siempre “escudo de los débiles”. Esa presencia configuraba en sí mismo un acto de resistencia. No fue casual que entre muchos de los civiles y militares que lideraron aquella nefasta dictadura surgiera casi siempre la crítica más feroz sobre Batlle y Ordóñez y sus proyectos de reforma. Significaban visiones completamente antagónicas sobre la política, la justicia social, el dinamismo económico, el papel del Estado en una democracia republicana, la perspectiva constitutiva de la libertad y de los derechos como cimiento inclaudicable de una comunidad política con futuro. 

A cincuenta años del inicio formal de aquella pesadilla, en Uruguay aún falta justicia, verdad y memoria acerca de muchas de las atrocidades que ocurrieron durante la dictadura, con violaciones flagrantes a los derechos humanos y crímenes de lesa humanidad. Persisten inexplicablemente relatos negacionistas o versiones interesadas que intentan reforzar teorías que buscan opacar muchas marcas y responsabilidades históricas de quienes impusieron aquella dictadura. En ese contexto, las luchas por la memoria y por la verdad en relación a estos hechos traumáticos constituyen un renovado compromiso de la gran mayoría del pueblo uruguayo con lo que ha sido su utopía histórica: la profundización de la democracia republicana como núcleo de convivencia, desde ideales compartidos de tolerancia, pluralismo y no violencia. En esa tarea, las ideas de José Batlle y Ordóñez, adaptadas a las exigencias de nuestro tiempo tan incierto, mantienen sin duda su vigencia inspiradora. 

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