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Editor responsable: Rafael Franzini Batlle
jueves, enero 22, 2026

“La familia lo es todo.”   (Vito Corleone, El Padrino)

Desde título pueden darse cuenta que el tema a abordar en esta columna no es otro que los aberrantes actos de corrupción por parte de los máximos jerarcas de Artigas, incluido el Intendente, ex Secretario General (primo del Intendente) y su pareja, y la diputada (sobrina del Intendente). La bochornosa actitud posterior reafirma la absoluta falta de valores y principios fundamentales que deben ser el pilar en la actuación de quienes ocupan cargos de alta responsabilidad en el gobierno.
Lo primero que debemos de tener claro es que todas las condenas se llegaron mediante un proceso abreviado, por lo que expresamente los condenados admitieron los hechos de corrupción por lo que eran investigados. Aclarado ese punto fundamental, que no es ni mas ni menos que la admisión de la comisión de los delitos corresponde expresar que es reconfortante ver que, al final, hasta los más inescrupulosos tienen su día en los juzgados.
La condena del Caram y su séquito familiar no solo nos brinda un espectáculo digno de Hollywood, sino que también nos recuerda que la justicia tarda, pero llega. Y llega, aunque el dinero (quizás producto de este entramado de corrupción) pudo comprar muchas voluntades, habiendo tenido un desempeño electoral de proporciones épicas en las elecciones internas.
Sin perjuicio de esto, corresponde expresar que, frente a la carta del condenado intendente, no pude dejarnos otra cosa que una sonrisa en los labios; ¿enserio Caram nos cree tan tontos y creerle que él no sabía nada?, ¿de que proyecto político nos habla cuando su primo y la pareja le sangraban recursos a la comuna y el no se daba cuenta? Creo que aquello que expresaba el Presidente Lacalle Pou en su programa de gobierno de tratar a los recursos públicos como si fueran propios fue muy mal comprendido por sus correligionarios, que directamente se los apropiaron.
Ahora, la pregunta es ¿cómo sigue esto?, en lo político la palabra la tiene el “Honorable Directorio del Partido Nacional”, quien deberá cumplir con las expectativas haciendo honor a la frase de su divisa y actuar como Defensores de las Leyes. En lo personal debo admitir que no tengo muchas expectativas, como dicen en Artigas “el empachado con tatú ve la cueva y hace arcadas”, y fueron muchos los casos en el último lustro que quedaron básicamente en la nada, y sin ir mas lejos se me viene a la cabeza la voltereta de Carlos Moreira.
Respecto a Caram y Dos Santos, no tengo duda de la aplicación preceptiva de lo dispuesto por el articulo 80 numeral 4 de la Constitución de la República, la que dispone la suspensión de la ciudadanía “Por sentencia que imponga pena de destierro, prisión, penitenciaría o inhabilitación para el ejercicio de derechos políticos durante el tiempo de la condena.” y en este caso las penas fueron de prisión, por lo que es de meridiana claridad que estarían con la ciudadanía suspendida ambos.
Lo interesante de estos casos es cómo cada uno de estos personajes, que durante tanto tiempo se creyeron intocables, ahora deben enfrentar las consecuencias de sus acciones. Aunque la duda persiste: ¿será esta condena un verdadero castigo o una mera pausa en su carrera de corrupción? El tiempo dirá, pero lo que es claro que no tienen intenciones de “largar la teta” y lo mas triste es que “la vaca se deja”.
La condena de esta familia corrupta debería ser un recordatorio para todos los que piensan que pueden jugar con los recursos públicos y salirse con la suya. Pero no nos engañemos, esto es solo la punta del iceberg. Quedan aún más de una decena casos de horas extras, y el famoso caso de las licitaciones de obras que ganaban familiares, amigos y allegados. Mientras tanto, disfrutemos de este pequeño triunfo de la justicia, con la esperanza de que inspire a limpiar más rincones oscuros del poder.
Estos casos nos dan el pie para empezar a reflexionar acerca de la organización del Estado, las normas sobre funcionarios públicos, compras estatales, responsabilidades penales civiles, políticas y administrativas de los jerarcas, el tan esquivado tema de la descentralización y por supuesto la justicia, y especialmente el sistema penal.
El sistema de justicia en nuestro país se asemeja a una actriz secundaria en una película de bajo presupuesto (más luego del nuevo CPP). Hace apariciones esporádicas, a menudo cuando el guion lo exige, pero rara vez es la estrella del espectáculo. La condena de estos personajes parece ser una rara ocasión en la que la justicia se lleva los aplausos, aunque uno no puede evitar preguntarse si es más una casualidad que un compromiso con la ciudadanía, aunque el sabor de boca que nos queda es que “puede y debe rendir más”.
Para finalizar vuelvo a un tema ya mencionado en la columna de la semana pasada, mucho se habla de reformas, pero nadie entra en la sala de maquinas del poder, la cual debe ser reconfigurada, readaptada y ajustada a los tiempos actuales. No podemos en pleno siglo XXI seguir sustentando por la vía de las omisiones normativas, los feudos en lo que se convirtieron los gobiernos departamentales, donde nada funciona como debe funcionar, donde tenemos 19 mini presidentes casi sin control, 19 juntas donde por mas de que la Constitución expresamente dispone que los Ediles son honorarios, en la vía de los hechos cobran importantes salarios encubiertos, en negro sin aportar ni BPS, ni impuestos a la renta, ni tampoco rendir cuenta de esas partidas que le llaman viáticos. Todo esto bajo la indiferente mirada de una ciudadanía que parece dormida, y que poco reclama, ya sea por ignorancia o por cansancio.

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