Según informa Emanuel Fabián en su cuenta de la red X, las Fuerzas de Defensa de Israel comenzarán a retirar sus tropas de la Franja de Gaza hacia las líneas de despliegue acordadas. Esto permitirá al ejército israelí mantener el control de algo más de la mitad del territorio, la mayor parte del cual se encuentra fuera de las áreas urbanas.
Tras la retirada, las FDI conservarán una zona de amortiguamiento a lo largo de toda la frontera, incluido el corredor de Filadelfia —la franja limítrofe entre Egipto y Gaza—, además de las ciudades de Beit Hanoun y Beit Lahiya, en el extremo norte, y amplias zonas de Rafah y Khan Younis, en el sur.
Cuando usted lea estas líneas, veinte rehenes capturados en Israel hace dos años habrán sido liberados y se habrán devuelto veintiocho cuerpos.
El armisticio firmado en la noche del miércoles 8 de octubre tomó por sorpresa a la izquierda uruguaya, que incluso realizó una marcha al día siguiente. También pudo haber sorprendido a nuestro canciller, Mario Lubetkin, aunque ya existían señales de que el futuro de la Franja de Gaza estaba decidido.
Un primer indicio fue la declaración internacional emitida en Nueva York en junio de 2025, en la que los países árabes de la región se comprometieron —por primera vez de manera conjunta— con la seguridad de Israel. Exigieron a Hamás la liberación de todos los rehenes, el fin de su dominio en la Franja y la entrega de sus armas al gobierno palestino.
Hace una semana, los ministros de Relaciones Exteriores de Qatar, Jordania, Emiratos Árabes Unidos, Indonesia, Pakistán, Turquía, Arabia Saudita y Egipto emitieron una declaración conjunta aplaudiendo el plan integral de veinte puntos anunciado por la Casa Blanca para poner fin a la guerra y reconstruir Gaza. El documento descarta el desplazamiento de su población y asegura que Israel no anexará los territorios ocupados de Judea y Samaria.
El plan de Donald Trump prevé transformar la Franja de Gaza en una zona desradicalizada y libre de terrorismo. Contempla el retiro gradual de las tropas israelíes hacia círculos concéntricos cada vez más alejados de la costa mediterránea, y la reincorporación de las Naciones Unidas y la Cruz Roja a la distribución de ayuda humanitaria.
La propuesta más sorprendente es la creación de un gobierno provisional bajo la administración de un comité tecnocrático supervisado por la Board of Peace, encargada de financiar la reconstrucción. Este organismo estaría presidido por el propio Trump y contaría con la participación de Tony Blair, ex primer ministro británico.
Gaza se convertiría así en una zona económica especial, con tarifas preferenciales y una fuerza internacional de estabilización con funciones policiales.
Desde la asunción del presidente de izquierda Yamandú Orsi, el moderno Estado de Israel ha recibido una condena por semana, mientras que Vladimir Putin no ha recibido ninguna. Se dirá: esta mediocracia en la que vivimos —¿a qué otra cosa puede aspirar sino coquetear con los BRICS?—. Somos un país pequeño en territorio y raquítico en población. No obstante, la población de Finlandia es casi igual a la de Uruguay y su superficie apenas nos duplica. Su presidente, Alexander Stubb, está dando cátedra en materia de diplomacia para países pequeños.
En un discurso pronunciado el 26 de agosto durante la reunión anual de jefes de misión en Helsinki, Stubb expresó que los contemporáneos no siempre nos damos cuenta de que vivimos en una época significativa.
«Seguimos trabajando y ocupándonos de nuestros asuntos sin ser conscientes de que despertamos en un mundo distinto del que nos acostamos. Solo más tarde comprendemos que el curso de los acontecimientos y las decisiones tomadas pasaron a la historia y moldearon el futuro.»
Poco antes de que surgiera este nuevo orden mundial solíamos usar expresiones recurrentes para describir épocas históricas: el Concierto Europeo, la Guerra Fría, la Distensión. ¿Qué expresión podría resumir mejor la identidad de esta época?
El mundo se está volviendo cada vez más multipolar. El orden internacional se ve desafiado. El desorden aumenta.
La era posterior a la Guerra Fría ha llegado a su fin, aunque aún no está claro cómo será la nueva.
La historia se construye sobre tres elementos fundamentales: valores, intereses y poder. Estos son los cimientos sobre los que cada Estado erige su política exterior y de seguridad.
Las relaciones entre países evolucionan.
En primer lugar, todo se basa en los valores. «Muchos de ustedes compartirán mi opinión —afirmó Stubb— de que los valores aplicados hoy a la política internacional se han vuelto más complejos.»
En los últimos años, la agenda global ha estado dominada por asuntos difíciles: la guerra de agresión de Rusia contra Ucrania, la situación en Oriente Medio, las guerras comerciales y una política exterior cada vez más transaccional.
«Los países pequeños como Finlandia deben permanecer fieles a sus valores: democracia, igualdad y Estado de derecho. Al mismo tiempo, debemos entender que no todos los doscientos Estados del mundo los comparten.»
En segundo lugar, cada Estado defiende sus intereses. Nos enfrentamos a las realidades más básicas: guerra y paz, seguridad y bienestar, cooperación y confrontación.
En tercer lugar, el poder —y la forma en que se ejerce— determina quién lidera, quién sigue y quién se opone. El poder, en esencia, es la capacidad de obligar a otros a actuar conforme a nuestros deseos.
Como ejemplo, Stubb destaca la relación de Finlandia con las dos grandes superpotencias: Estados Unidos y China.
«Con Estados Unidos compartimos la base de valores tradicionales de Occidente. El multilateralismo no es solo un valor importante para los países pequeños, sino también uno de sus intereses esenciales. Debemos defender el sistema internacional incluso cuando Estados Unidos parece cuestionarlo o se retira de organizaciones que procuran el bien común.»
«Las relaciones con China son distintas. Sus acciones se rigen por valores diferentes a los nuestros. La falta de democracia y la hegemonía de un solo partido nos resultan difíciles de aceptar. Las violaciones de los derechos humanos, por su parte, son inadmisibles. Sin embargo, China desempeña un papel central tanto en la mitigación del cambio climático como en el comercio internacional. Como Estado líder del oriente global, ejerce una influencia determinante, ya sea en la guerra de Rusia contra Ucrania o en el futuro del sistema internacional.»
La competencia geopolítica entre China y Estados Unidos es hoy el eje de la política internacional. Definirá el rumbo de esta década. «A Finlandia le interesa que ambos países logren una relación estable. En un mundo ideal, desearíamos que su cooperación fortaleciera las instituciones internacionales y el sistema basado en normas. Ese es el objetivo por el que trabajamos, aunque debo admitir que, por ahora, no apostaría demasiado por ello.»
«La influencia, a menudo, consiste en construir una política exterior para el mundo que existe, no para el mundo que desearíamos.»
La diplomacia se practica hoy de un modo distinto. El cambio ha sido rápido, y se aceleró aún más con la elección de Donald Trump como presidente de Estados Unidos. «Creo además que ese cambio llegó para quedarse. El ritmo es vertiginoso y la información, con frecuencia, incompleta. Debemos aprender a tolerar la incertidumbre y a actuar en situaciones de desenlace incierto.»
La guerra de agresión de Rusia contra Ucrania continúa por cuarto año consecutivo. A lo largo de este tiempo, la situación en el campo de batalla ha variado: a veces con avances, otras con retrocesos. Sin embargo, cada vez resulta más evidente que solo puede haber una solución diplomática. No existen soluciones perfectas para las guerras.


