Las elecciones argentinas, que han ser explicadas y comprendidas en clave de política del hermano país, frustraron a muchos autoproclamados progresistas de izquierda. No sólo cruzando el río como mar, sino aquí, en la tacita del Plata.
Uno de los malheridos fue Marcelo Abdala —faltaba más— que cuando se trata de mostrar lo peor de las ideologías retrogradantes, se apunta primero y sigue demostrando que no ha entendido nada.
Lo más gracioso —y esto lo apuntamos como la mueca que genera la zoncera, sin quitarle seriedad al tema de fondo—es que el vómito de rabia del presidente del PIT-CNT, fue contra el ministro de economía de la actual Administración, Gabriel Oddone.
Osó decir el titular de la cartera: “Claramente, ese resultado, que configura una confirmación del respaldo al Gobierno de Milei, introduce un escenario muy diferente al que uno habría podido imaginarse en caso de que no hubiera sido así”. Y agregó, como nota positiva, que: “El discurso del presidente Milei sugiere que, además de este respaldo, va a gestionar la búsqueda de acuerdos y consensos con las fuerzas del Parlamento. Por lo tanto, lo que nosotros estamos esperando es, probablemente, que en las próximas semanas haya una menor volatilidad de mercado a nivel de las variables nominales y la confirmación de que la estrategia desinflacionaria sigue siendo una prioridad”.
¡Para qué! El jefe del sindicalismo nacional reaccionó mostrando lo peor de quien no se entera de los desafíos que se ven venir luego de pasado un cuarto de siglo con cambios y evoluciones a ritmo de años luz: “Hay principios, nunca nos va a tranquilizar, ni menos nos puede resultar una buena noticia, una victoria de la ultraderecha, que agrede de forma absolutamente inhumana a un pueblo hermano” espetó Abdala en un “equisazo” digno de guardar en la memoria.
A ver, no vamos a entrar en el estado de ánimo del jerarca sindical. Hacerlo implicaría tener que internarnos en su psiquis y procurar explicar cuáles son las acciones que lo enervan y las que lo exasperan. Y nos costaría mucho realizar un ejercicio de lógica que explique porqué no se tranquiliza por el triunfo de Milei, y festeja el fraude de Maduro, quien ha agredido al pueblo venezolano de forma tal que se pueden contar sus muertos. No, no nos perderemos en esos detalles.
Sí nos preocupa el destino de los trabajadores uruguayos en manos de quien no sale de una visión reduccionista propia de una prisión ideológica.
En una estupenda nota publicada en el Semanario Voces, nuestro ocasional colaborador Nicolás Martínez estima, en afirmación que compartimos, que “los sindicatos —aquella herramienta nacida del dolor y la dignidad obrera— parecen mirar el siglo XXI con los lentes del XX” y se pregunta: “¿qué ocurre cuando el poder [para cuyo equilibrio se necesitan los sindicatos] se invierte, cuando la estructura se burocratiza, cuando la defensa se vuelve un fin en si misma?”.
Este medio cree que las preguntas son por demás pertinentes y parten de la observación de que la dirigencia sindical, en este caso representada por Abdala, no está a la altura de la ola que se nos viene encima. Si el presidente de la central sindical no es capaz de llamarse a silencio advirtiendo que la opinion del ministro Oddone toma en cuenta a los trabajadores uruguayos, quienes necesitan una buena temporada turística, por ejemplo, no es capaz de nada.
Y cuál será su actitud (ya conocemos su ceguera para apreciar la realidad de la seguridad social al proponer un plebiscito contra su reforma) cuando haya que dar la necesaria discusión sobre el impuesto a los ultra ricos y determinar quiénes son y cuánto capital necesitan para merecer tal categorización. ¿Y para imaginar cómo y quiénes han de ser los contribuyentes el día que los camiones se manejen automáticamente, dejando sin empleo muchos trabajadores? O para reconocer que la inteligencia artificial tendrá en muchos oficios y profesiones el impacto que, por ejemplo, tuvo en los gráficos el hecho de hoy se puede imprimir formularios, tarjetas, libros, posters, en casas particulares.
Realmente, no queremos ni saberlo. Porque sus razones, lo ha demostrado harto, son las de la sinrazón. Es lo que pasa cuando la ideología se “come” a la inteligencia.
Tal y como ha sucedido, en otro tema, pero con igual peligro, con el “affaire” Danza y la triste, impúdica, resolución de la Junta de Transparencia y Ética Pública, que desestimó un informe jurídico interno —nada más y nada menos que en la interpretación de la Constitución— para concluir que el presidente de ASSE, no incurrió en incompatibilidad en el ejercicio de su cargo y los que desempeña en instituciones médicas del sector privado.
La Jutep, actuando con claro perfil político, se pasó por las partes el artículo 200 de la Constitución, que dispone que los miembros de “los directorios o directores generales de los entes autónomos o de los servicios descentralizados no podrán ser nombrados para cargos ni aun honorarios, que directa o indirectamente dependan del instituto de que forman parte”, ni podrán “ejercer simultáneamente profesiones o actividades que, directa o indirectamente, se relacionen con la Institución a la que pertenecen”.
El precepto constitucional es claro, de ahí que el informe de la asesoría jurídica de la Junta no lo obviase. Por eso es difícil de entender qué quiso decir la presidente de la corporación, Ana Ferraris, al manifestar que” cuando se trata de disposiciones que limitan derechos, las reglas de interpretación de la Constitución prevén que tiene que primar una interpretación más estricta porque es una perspectiva de derecho”.
Un mamarracho del cual pareció no participar la ministra Cristina Lustemberg quien no ocultó (por suerte) y contó que “Le propuse al presidente de ASSE que durante su mandato suspenda sus actividades privadas y se dedique a la conducción de nuestro prestador público”. Hasta que participó y se constituyó en parte del rescate al funcionario: “más allá de que la ley no le exige esta exclusividad”
Pero como no es la ley, sino la Constitución, no se le puede perdonar, a ella tampoco, que en las razones de las sinrazones termine pareciéndose a Ferraris y a Abdala.
