1984 fue un año muy importante para Jaime Roos. Volvía de su tardío exilio y había compuesto muchas canciones en Holanda que tenían un intransferible sabor montevideano. Pero también llegaba con influencias del new wave, sonidos ochentosos pasados por el tamiz de roquero de los sesenta de Jaime. Con todo eso grabó un gran álbum que también fue el cierre de una trilogía involuntaria junto a Aquello y Siempre son las cuatro. Como dijo Carlos da Silveira “Mediocampo es la cara bonita de Siempre son las cuatro”. Con presentaciones de murga, una canción que siempre le pedía su madre que se la dedicara (y que describe como pocas a un barrio), algunos rocks, temas que en vivo parecía que te pasara por encima una manada de elefantes, candombe y un cierre inolvidable de Hugo Fattoruso, Mediocampo es un álbum clave en su carrera. Aquí el repaso, y las historias, de esas canciones.
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