La aprobación días pasados del proyecto de Ley de regulación de la eutanasia -denominado “Muerte Digna”- en la Comisión de Salud Pública y Asistencia Social de la Cámara de Diputados, reavivó una suerte de alarmismo y hasta plegarias en fieles católicos, tal cual espadas de lucha de sectores conservadores que niegan el progreso y la dignidad humana.
En esencia, el proyecto, de 13 artículos, y que será tratado por el plenario de Diputados el 5 de agosto, dispone que “toda persona mayor de edad, síquicamente apta, que curse la etapa terminal de una patología incurable e irreversible, o que como consecuencia de patología o condiciones de salud incurables e irreversibles padezca sufrimientos que le resulten insoportables, en todos los casos con grave y progresivo deterioro de su calidad de vida, tiene derecho a que a su pedido y por el procedimiento establecido en la presente ley, se le practique la eutanasia”.
La iniciativa establece que podrán llevar a cabo la eutanasia prestadores integrales de la salud como mutualistas privadas, ASSE, los hospitales de Clínicas, Militar y Policial y seguros privados, no así clínicas particulares.
Para concretar la eutanasia, el paciente deberá pasar por dos consultas médicas en las cuales los profesionales podrán estar de acuerdo o no con el pedido y en caso de disentir entre ellos, el tema será laudado por una junta médica integrada por un especialista en la enfermedad, un siquiatra y un médico que determinará la reglamentación.
Los médicos que realicen el procedimiento firmarán el certificado de defunción del paciente por la causa final (eutanasia) y la enfermedad que llevó a la misma, considerándose muerte natural, al tiempo que no serán responsables penalmente.
Tras la aprobación en comisión, el diputado del Partido Nacional, Federico Casaretto, de profesión médico y opositor a la iniciativa, señaló que “la salud es un negocio en el mundo” y que “hay mucha gente a la que le puede convenir la eutanasia”.
Afirmó que el procedimiento previsto en el proyecto no constituye una muerte natural y precisó que “eso es hipocresía”.
Por otra parte, el párroco de una iglesia católica invitó a rezarle a “Nuestra Patrona, La Virgen de los Treinta y Tres y al Angel Custodio del Uruguay, para que por su intercesión, Dios frene la aprobación de la misma”. (de la eutanasia), según difundió un feligrés en su cuenta de Facebook.
Que la salud, al menos la privada -no así la que proveen los servicios estatales- es un negocio, tal como la industria farmacéutica, puede admitirse, pero de ahí a que con la aprobación del proyecto florezca un “negocio” de la eutanasia, estamos lejos.
Pareciera ser que se ha instalado una suerte de “leyenda urbana”, de creencia que los médicos autorizarán “eutanasias express” para obtener algún beneficio económico, cuando el proyecto no establece co-pago alguno por esta “prestación”. ¿O creerán quienes así piensan que los familiares del paciente darán algún “incentivo” a los médicos actuantes para acelerar el cobro de alguna herencia?
Vaya falta de sensibilidad, de empatía con quienes están sufriendo. Y sospechas injustificadas sobre una noble profesión.
En lo religioso, poco que agregar. Que necesidad de involucrar a Dios en una discusión parlamentaria de un pequeño país sudamericano con vista al mar, cuando tiene que hacer horas extras de tantas súplicas por el hambre en el mundo, guerras, enfermedades, catástrofes naturales y violencia e injusticias de todo tipo.
Sería bueno, más que orar para frenar la eutanasia, estar cerca y dar apoyo y contención al familiar, al amigo, al compañero de trabajo o al vecino que sufre. O simplemente a un desconocido, tal cual según el Evangelio de Lucas, Jesús enseñó en la parábola del buen samaritano.
“Se adora a Dios viviendo en los hospicios, consolando al enfermo”, dice la poesía “Como se adora a Dios”, de José Batlle y Ordóñez, escrita en febrero de 1879.
Por último, cabe recordar que, tal como se publicó en algunos suplementos especiales de EL DIA, que plasmaron la pluma sublime de Domingo Arena a raíz de sus conversaciones con nuestro fundador, éste detestaba tanto el sufrimiento humano como animal y sostenía que la vida valía la pena vivirla cuando se hacía con dignidad, que no es lo que pregona la inmensa mayoría de quienes se oponen a la eutanasia.
