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En el medio, la ilusión a medias
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En el medio, la ilusión a medias

Este viernes se llevó a cabo el primer intercambio de rehenes tomados por Hamás en el ataque terrorista a Israel el 7 de octubre, y de prisioneros palestinos presos en Israel. El acontecimiento se dio en el primero de los cuatro días de la tregua acordada entre Israel y Hamás que permitió además el ingreso de una extensa ayuda humanitaria a Gaza.

El acuerdo en el que participó activamente la diplomacia de Estados Unidos, Catar y Egipto, supone un avance pacífico en el desarrollo de un conflicto armado en el que las partes involucradas estiman 1200 muertos en Israel a manos de Hamás y mas de 14 mil palestinos como resultado de la respuesta armada de las fuerzas israelíes.

No obstante, tanto el gobierno de Israel como los líderes de Hamás han adelantado que luego del cese al fuego continuará el enfrentamiento armado que ha provocado, además, una crisis humanitaria en el enclave, con cientos de miles de desplazados con carencias  básicas de alimentos, asistencia médica y albergue.

Luego de la liberación de los primeros rehenes y prisioneros el presidente estadounidense Joe Biden dijo que luego del día de acción de gracias que se celebró en su país el jueves, el viernes correspondía agradecer por quienes se reencontrado con sus familias, un sentimiento que desde aquí compartimos pero que no cubre a cabalidad las expectativas de paz que albergamos.

Al momento de escribir estas líneas, ya había entrado en Gaza el contingente de ayuda humanitaria más importante que se recibió en el enclave desde el inicio del conflicto, y las agencias noticiosas anunciaban que los planes para una segunda liberación seguían su curso.

Un punto a destacar de la jornada del viernes es que a pesar de la voluntad explicita de las partes de no dar el conflicto por terminado, el intercambio de rehenes y prisioneros es el triunfo concreto de la diplomacia y el diálogo, que, como es obvio, debe de haber sido dificultoso, lleno de contrariedades y de trabajosa elaboración. Tanto como el que se venía estableciendo, antes de la incursión de Hamás en octubre, entre países occidentales y árabes para lograr una paz más duradera en la región.

El presidente Biden, que ha sido un actor activo en el diferendo aceptó que la liberación de rehenes y prisioneros verificada el viernes “es sólo el principio”, pero nos ilusionó a todos al agregar que las chances de que a la pausa de cuatro días siga una cese al fuego más largo “son reales”.

Desear que el mandatario estadounidense no se equivoque es parte de nuestra esencia. Así como creemos en la Paz como objetivo, tenemos la certeza que cuando ésta es producto de la negociación —un componente indispensable en para la convivencia interna o internacional—las oportunidades para su durabilidad son más firmes.

Vale la pena, además, recordar que quienes insistían en el cese al fuego como forma de abrir espacios para normalizar la situación, subrayaban dos objetivos específicos que parecen imprescindibles para dar un mensaje a la región y a la comunidad internacional: permitir la entrada de ayuda humanitaria a Gaza—incluyendo combustible para el funcionamiento de servicios básicos— y concretar la liberación de los rehenes apresados por Hamás.

Unas bases mínimas con satisfacciones mutuas para los involucrados en el conflicto se lograron con la participación de las partes, países de la región y lideres del mundo occidental. 

Difícil, si. Imposible, según resulta evidente, no.

 

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