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Editor responsable: Rafael Franzini Batlle
miércoles, febrero 4, 2026

Economista uruguayo dice que Israel es una democracia en problemas.

Adrián Filut, un economista uruguayo, publicó un sombrío panorama sobre el momento que atraviesa la democracia israelí en el periódico “El Economista” de Israel – Calcalist-.

El analista dijo venir de una familia de derecha y haber votado dos veces a Benjamín Netanyahu.  Comparó el momento actual israelí con los años previos a la caída democrática en el país donde nació.

Básicamente trajo a colación un concepto que se parece mucho al título de un libro de Julio María Sanguinetti, la agonía de un sistema democrático y ese sería el momento que está viviendo el moderno estado judío.

Dijo el periodista económico que la dictadura uruguaya no empezó de un día para otro. Si bien se coincide que la misma quedó explícita con el decreto de disolución del parlamento del Presidente Juan María Bordaberry el 27 de junio de 1973, lo que aconteció en los años anteriores no podría catalogarse, evidentemente, de una democracia saludable.

Yendo a su país de acogida dijo que no ve en el futuro de Israel un régimen donde se empiece a encarcelar a opositores o directamente se los elimine físicamente como ocurrió en las dictaduras latinoamericanas.  Eso no puede acontecer en Israel porque la democracia tiene cimientos fuertes. El campo liberal israelí está empoderado, es la base sólida de las Fuerzas de Defensa de Israel, de la alta tecnología y de toda la economía que financia la maquinaria pública gubernamental. Lo sabe el primer ministro Benjamín Netanyahu y también sus ministros Itamar Ben-Gvir y Bezalel Smotrich.

Los recuerdos de Filut empiezan con la salida de la dictadura uruguaya.  Citando al politólogo Luis Eduardo González dijo que el Israel de 2025 se halla en un camino similar a los años previos al golpe de estado en Uruguay. Comenzó con los cambios en el sistema legal y las decisiones de despedir al jefe del Servicio Secreto, Ronen Bar y a la Abogada General del Estado, Gali Baharav de Yara.

La democracia uruguaya agonizante, previa al golpe de estado de 1973, dice Filut, supuso una recesión económica, represión a los opositores, vigilancia ideológica y la militarización de las instituciones gubernamentales.  Fue un período gris, de miedo y parálisis en todos los ámbitos.

La etapa que más recuerda el economista es la de retorno a la cordura, la de la redemocratización.

Filut espera que Israel también llegue pronto a esa etapa, ya que, a diferencia de Uruguay, que podía darse el lujo de retroceder y debilitarse, para los israelíes esa no es una opción.

La catástrofe del 7 de octubre de 2023 hace ver que una pobreza pobreza planificada y el lujo del estancamiento con la finalidad de la victoria de un bando frente al otro, no son situaciones que los israelíes se puedan permitir, porque la fuerza es la clave de su duro vecindario.

Filut mantiene la esperanza porque en el último año y medio, se ha demostrado que el pueblo de Israel es indoblegable. Que se ha construido una economía robusta a pesar de Netanyahu y sus socios saqueadores. Esta es la base para reconstruir la nación israelí.

Las lecciones del oscuro período de la dictadura en Uruguay, sin duda la más “liviana” de América Latina, han dejado cicatrices hasta el día de hoy. Lo primero que quedó en evidencia fue la emigración de cientos de miles de uruguayos, principalmente profesionales, lo que dejó un vacío que aún hoy se siente.

No debemos olvidar que, en el Israel de hoy, como en el Uruguay de entonces, la verdadera riqueza es el capital humano. La fuga de cerebros israelíes no es sólo un escenario, sino ya un fenómeno real: los datos muestran un dramático descenso de la tasa de crecimiento plurianual de la población de Israel, con un déficit de 80.000 personas.

Otro problema, dice Filut, es la brecha que sigue abierta dentro del pueblo uruguayo incluso 40 años después. En Argentina y Chile, por ejemplo, la herida todavía sangra.

Pero el problema más agudo y grave es la falta estructural de confianza en las instituciones gubernamentales y públicas. Mis padres, dice el economista, nacieron en hospitales públicos y asistieron a escuelas estatales junto a vecinos de todas las clases sociales.

En la niñez de Adrián Filut en los años noventa, ya era arriesgado atenderse en un hospital público o estudiar en una institución educativa gubernamental por su baja exigencia y equipamiento. La evasión fiscal se había convertido en Uruguay, más en la norma más que en la excepción. Las fuerzas de seguridad, el ejército y la policía se habían convertido en entidades poco confiables, incluso si eras víctima de un delito.

Incluso antes de que se estableciera la autocracia de Netanyahu, también en Rusia, Turquía y Hungría, la poderosa clase socioeconómica e intelectual, algunos de los cuales eran empresarios de diversas clases, huyeron tan pronto como pudieron.

Estos regímenes no sólo son fallidos desde el punto de vista socioeconómico, sino también corruptos: el último informe de la OCDE sobre Hungría revela que el índice de corrupción allí ha aumentado un 73% en la última década, y ostenta el récord en dos categorías: corrupción en la administración pública y en el Poder Legislativo.

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