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Desafiando a la oscuridad
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Desafiando a la oscuridad

 

Eremita, danzarín, alquimista, soldado, torero, estudiante de medicina, sacerdote y astrólogo. Como su cátedra de matemáticas no le daba para mucho, Diego de Torres Villarroel se pasó media vida adivinando el futuro del prójimo. Dicen que pronosticó el fallecimiento de Luis I, el motín de Esquilache o la Revolución Francesa. La Universidad le confió la compra de libros para la biblioteca, y de París trajo una colección de esferas que sólo pudieron pagarse tras un alarde de contabilidad creativa: «libros redondos y gordos» dijo que eran, y coló. Entre ellas, una vaugondy que hoy se encuentra junto a la puerta principal de la Antigua Librería y que, según se cuenta, encargó con el fin de predecir la fecha de su propia muerte.

De nigromante tildaron al Gran Piscator de Salamanca, aunque don Diego siempre sorteó las acusaciones apelando a la ciencia, asegurando que se limitaba a leer lo que los astros escribían. Casi tres siglos después, la prensa informa de que una inteligencia artificial puede identificar con una precisión cercana al 80% si un determinado ser humano va a fallecer inesperadamente en los próximos cuatro años a partir de un algoritmo basado en casi trescientas variables.

No sé si la inteligencia artificial servirá para predecir los suicidios. Si así fuera, bien podríamos trabajar para prevenirlos. Existe un pacto de silencio en los medios en torno a estos sucesos, pero las estadísticas revelan una preocupante evolución: en España, el pasado año acabaron con su vida 4.227 personas –un 5% más que en 2021 y casi un 20% más que cinco años atrás– y el suicidio se ha convertido en la primera causa de muerte entre jóvenes de 16 a 24 años. El suicida no quiere morir, sino liberarse del sufrimiento que le supone vivir. No interroga a los astros con temor para conocer el día de su fin; lo elige.

Nuestra sociedad genera demasiadas adversidades y no todos son lo suficientemente fuertes para soportarlas. El futuro genera incertidumbre. Las fiestas navideñas acechan y se multiplican los mensajes que nos obligan a ser felices. Los hombres no lloran, se dice. Por estas y otras cosas, urge prestar más atención a este problema de la que se le ha prestado hasta ahora. Es clave averiguar la etiología de este fenómeno, abordar decididamente la problemática psiquiátrica de la depresión e intervenir con toda la ciencia y la conciencia que estén a nuestro alcance. Importa huir de la muerte, pues eso equivale a decir que merece la pena seguir vivos.

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