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Dar por soñado todo lo vivido
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Dar por soñado todo lo vivido

Hoy se acaba el año. Momento de plantearse propósitos loables (“este año voy a bajar de peso”) y de hacer promesas increíbles (“este año voy a comer menos”). Y también es el momento de los balances. El balance personal y ¿por qué no? también el balance de todos, el balance del país, la respuesta a la gran pregunta: ¿Cómo le fue a Chile el año que termina? Como todavía queda tiempo antes de comenzar con los abrazos (y el mío va a ir puntualmente para todos ustedes), aquí y ahora dejo mi respuesta a la pregunta del gran balance: creo que en el año que termina, a Chile le fue mal.

Veamos si no estoy exagerando.

La economía nacional crece rastreramente desde hace una década y las perspectivas para el año que termina no hacen sino confirmar esa situación. Durante los primeros veinte meses de gobierno de Gabriel Boric la economía ha crecido un magro 0,7%. y, según el vicepresidente del Banco Central al presentar recientemente el Índice Mensual de Actividad Económica, el pronóstico de crecimiento para el presente año es de 0% o una disminución de 0,5%. Y el mal ambiente económico de los dos últimos años se proyectará hacia el próximo, pues el pronóstico para 2024 es de 1,5% y el crecimiento tendencial para los años siguientes no supera el 2%.

El paso de 0 a 1,5 ha sido saludado por la vocera de gobierno como una buena noticia y suponemos que hacer ese tipo de afirmaciones es parte de su trabajo (afortunadamente no se mostró eufórica pues habría sido demasiado, se limitó a sonreír y a decir “la economía está mejorando”). Pero todos sabemos lo que esas cifras significan: desempleo y aumento de la pobreza. La última entrega de la Encuesta Nacional de Empleo que elabora el Instituto Nacional de Estadísticas mostró que la tasa de desocupación en nuestro país se situó en 8,9% durante el trimestre móvil julio-septiembre de 2023. Y esa información también fue anunciada como un éxito por el gobierno ¡porque la medición anterior había sido de 9%!

Así, pues, en lo que a la economía toca, a Chile y a las chilenas y chilenos no nos fue nada bien… rectificación: a las chilenas y chilenos con la excepción de las socias y socios de Soquimich, que sin duda tendrán un próspero año nuevo. Felicitaciones.

¿Y qué decir de la seguridad pública? Terminamos el año con niveles de inseguridad que por momentos han alcanzado niveles de paroxismo. Al grado que ya comenzamos a admitir como normal que los noticiarios abran con noticias relativas a asesinatos atroces o a la realidad de una cultura criminal que se expresa en funerales narcos que incluyen orgías retrasmitidas por las redes sociales, pero también en que a la presidenta del Instituto Nacional de Derechos Humanos le resulte natural como deseo de año nuevo que el Estado chileno inicie un diálogo entre iguales con la principal organización terrorista del país.

¿Y la política? Es difícil recordar cuándo fue la última vez que recibimos una buena noticia desde ese sector, del cual sólo escuchamos el eco de una contienda polarizada que no ofrece paz ni cuartel. La última manifestación de ese grado de polarización (lamentablemente “polarización” acaba de ser calificada por la Real Academia Española como la palabra del año), fue lo que debió ser un debate constitucional y terminó en una simple, aunque feroz contienda electoral; en una especie de guerra a muerte en la que todo pareció valer, incluida la mentira, y en la que la primera víctima fue el conocimiento cabal y la comprensión del texto que se plebiscitó. Como remate la política redondeó su año con las evidencias de casos de corrupción que parecen abarcar todos los niveles de la administración pública, desde municipios a gobiernos regionales y ministerios -el de Vivienda el más afectado.

¿Qué hacer con un año así?

Lo primero que se me ocurre es que es preferible olvidarlo. Desearle al gobierno y a sus seguidores que ya no intenten mejorar las cosas porque pueden empeorarlas; que, como en el poema de Guzmán Cruchaga, “den por vivido todo lo soñado” y se preparen para seguir soñando, sólo que fuera del gobierno. Mientras tanto, el resto de nosotros puede dar “por soñado todo lo vivido” aunque, a diferencia del poeta, el nuestro habrá sido un mal sueño.

Y también se me ocurre que un año como el que viene puede ser un buen período para concentrar las energías de nuestra nación en tratar de sanar a Chile. En volver a convertir la política en un momento de encuentro, de debate de las diferencias para identificar lo que nos es común y nos permita avanzar, en lugar del escenario para la exaltación de las diferencias y la división. Quizás así podamos barrer con la corrupción, fortalecer nuestra seguridad pública y construir el escenario de certeza jurídicas que abra paso, nuevamente, a la inversión y al crecimiento económico.

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