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Editor responsable: Rafael Franzini Batlle
miércoles, febrero 4, 2026

Como explica mis yerros Daniel Kahneman. 

 

He fallado en otro pronóstico.  Ha ganado la elección presidencial Yamandú Orsi. Es mi segundo yerro garrafal: en 2023 había apostado que Sergio Massa no podía perder el ballotaje con Javier Milei. ¡José Luis, te vas a hacer rico conmigo!

Para tratar de entender el proceso cerebral que me llevó a errar,  recurro a unos de mis libros de cabecera, Pensar Rápido, Pensar Despacio de Daniel Kahneman, Premio Nobel de Economía 2002. 

La explicación es que he fracasado a la hora de entender la realidad. ¡Una vez más!  

El psicólogo americano israelí fallecido hace algunos meses, dice que nuestros sentimientos morales se hallan adscritos a marcos, a descripciones de la realidad más que a la realidad  misma.  

Casi todos los humanos vemos el mundo más benigno de lo que realmente es, nuestras  aptitudes más estimables de lo que son, y los fines que perseguimos más fáciles de lograr.   

Tendemos a exagerar nuestra capacidad para predecir, lo cual fomenta el exceso de confianza.  Somos propensos a sobrestimar lo que entendemos del mundo y subestimar el papel del azar en los acontecimientos.

Los errores de predicción son inevitables porque el mundo es impredecible.  Al explicar el pasado y predecir el futuro, nos concentramos en el papel causal de la aptitud e ignoramos el papel de la suerte. ¿Cuánto influyeron los atentados contra Donald Trump en su impredecible y contundente victoria? ¿Y el 7 de Octubre? ¿Y la invasión de Putin a Ucrania? 

Fácilmente incurrimos en la ilusión del control, dice Kahneman. Construimos la mejor historia posible partiendo de la información disponible y si la historia es buena, la creemos. Un individuo que ha construido en su mente una historia coherente, no necesariamente la transforma en verdadera.

Paradójicamente, es más fácil construir una historia coherente cuando nuestro conocimiento es escaso, cuando las piezas del rompecabezas no pasan de unas pocas. Nuestra consoladora convicción de que el mundo tiene sentido descansa sobre un fundamento seguro, nuestra capacidad casi ilimitada para ignorar nuestra ignorancia. ¿Tenía idea de que iban a votar los uruguayos en el interior? ¿Me acordé de los comentarios de mi amigo, el abogado Gabriel Cartagena del Departamento de Salto?: él me dijo que su pago estaba pasando por un momento inédito en lo económico, dada la crisis que generó en el litoral el massismo argentino en sus últimos días en poder.   

Kahneman nos recuerda que las personas pueden mantener una fe inquebrantable en una afirmación, por absurda que sea, cuando se sienten respaldadas por una comunidad de creyentes con su misma mentalidad.  ¿Si 70 mil personas dicen, como ya lo afirmaba Francisco Franco, que el mundo es víctima de una conspiración judeo-masónica, quién lo puede desmentir? 

Para el economista israelí, somos buscadores de patrones, creyentes en un mundo coherente en el que las regularidades no se producen accidentalmente.  Estamos demasiado dispuestos a rechazar la creencia de que mucho de lo que vemos en la vida es azar. 

La mayoría de nosotros concebimos una votación como un acto deliberado que refleja nuestros valores y nuestras estimaciones en asuntos de política y no es influido por aspectos irrelevantes.   

La gente toma decisiones no sólo a través de pensamientos racionales – sistema de pensamiento dos- sino de intuiciones y emociones – sistema de pensamiento uno.  

La emoción está ahora en nuestra comprensión de juicios y elecciones intuitivas mucho más presente que en el pasado. El sistema uno es el que genera impresiones y sentimientos que son las fuentes principales de las creencias explícitas y elecciones deliberadas del pensamiento racional. El estado normal de nuestra mente es que tengamos sensaciones y opiniones intuitivas sobre casi todas las cosas que se nos ponen adelante. 

Si nos gusta la política del presidente, es probable que nos guste su voz y su apariencia,  como aconteció con los centenares de miles de votantes que siempre aprobaron los referéndums  electorales a los que se sometió José Mujica. 

Por otro lado, cuando un orador apuesto y seguro de sí mismo sale a escena, podemos anticipar que la audiencia juzgará sus comentarios más favorablemente de lo que merece.  Si la propuesta de un candidato es adoptar una mascota, debe ser lo mejor que se puede proponer. 

Emociones como el miedo, el afecto y el odio explican las mayorías de las situaciones en las que la gente se aleja de la racionalidad.  Delgado tenía un excelente currículum como para ser elegido, pero está asociado a los partidos de las catástrofes, golpes de estado, crisis bancarias, ajustes macro-económicos, etc. En cambio, los quince años frenteamplistas coincidieron con vientos de cola en la economía, emancipación de determinados colectivos,  la felicidad momentánea que produce la marihuana, los coliseos artísticos, los festivales de rock y –no se olviden– pasamos cuatro años viendo como el “ loco Abreu” la picó en el mundial de Sudáfrica. 

La maquinaria del  pensamiento emocional e intuitivo, que a todo da sentido, nos hace ver el mundo más ordenado, predecible y coherente de lo que realmente es. La ilusión de que uno ha entendido el pasado alimenta la ilusión de que puede predecir y controlar el futuro. 

 Una limitación general de la mente humana es su insuficiente capacidad para reconocer estados pasados del conocimiento o creencias que han cambiado. ¿Cómo podía pensar que los argentinos iban a elegir a Milei?  ¡Es que vengo de otro tiempo y ya no entiendo nada!

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