Cierre de empresas, costo país y reformas pendientes

La anunciada reestructura de BASF en Uruguay y el despido de entre 300 y 400 trabajadores, volvió a poner en el tapete el cierre de empresas por no lograr el margen de rentabilidad adecuada para continuar operando en el país.

La problemática, que llevó el año pasado al cierre o retiro de empresas importantes, genera mayor preocupación cuando desde la Cámara de Industrias se advierte que en los próximos meses se puede agudizar esa tendencia, con el consiguiente impacto negativo sobre el empleo y el salario.

La rentabilidad de las empresas viene golpeada al menos desde 2022 con una caída de 36% en el precio de los commodities que aún no se ha recuperado y un menor crecimiento de la economía china.

Por otra parte, la competitividad se vio seriamente dañada por el llamado “atraso cambiario” y el aumento de los costos internos, lo que obligó a muchas empresas a endeudarse a la espera de un mejor momento que no llega y a otras a bajar directamente las cortinas.

Si bien el dólar atraviesa un momento de debilidad mundial, el peso uruguayo es la moneda más sobrevaluada del mundo según el Indice Big Mac.

A esa realidad se llega con un excesivo endeudamiento del Estado, ahora mayormente en moneda nacional, lo que provoca el efecto de “carry trade”, es decir la venta de dólares para posicionarse en pesos, lo que debilita aún más la divisa.

Además, está la incidencia de un Banco Central que hasta el momento mantenía elevadas tasas en pesos y que por el momento desiste de intervenir en el mercado cambiario, por lo que rige un régimen de “flotación limpia” que deja caer al dólar al precio que el mercado determine, favoreciendo además con ello la caída de la inflación.

A la situación cambiaria, se suma un afán recaudador mediante elevados impuestos -incrementados aún más en el presupuesto- y las tarifas públicas, que llevó por ejemplo a que los uruguayos pagáramos el año pasado un sobrecosto de USD 90 millones en el precio de los combustibles, o que las tarifas de la energía no hayan bajado a pesar de que la generación se hace casi al 100% con energías renovables.

Otro elemento a tener en cuenta, son las regulaciones y protecciones que encarecen, por ejemplo, a los alimentos, al verse limitada la importación de los mismos, en un mercado reducido y donde el comercio minorista se ha concentrado en grandes cadenas que afectan la competencia y los precios.

Los costos laborales también afectan la rentabilidad de las empresas, en particular cuando el salario real aumenta más que la productividad y de ahí en parte los reclamos empresariales para modificar los consejos de salarios, negociar por empresa e incorporar la productividad como un elemento básico para el crecimiento del salario.

Como se ve, son varios los factores que hacen que el país no sea atractivo para la instalación de empresas, a pesar de los enormes beneficios fiscales que reciben para fomentar que ello ocurra, lo que a la postre lleva a un bajo crecimiento y a problemas en el empleo.

El gobierno pretende llevar el crecimiento del país a 3%, desde el actual promedio de 1%, aunque parece no existir en el gobierno una agenda de reformas para romper ese círculo vicioso.

El país debe verse abocado entonces a una reducción del gasto público, por supuesto que no a cualquier precio, reducir la carga impositiva, introducir algunas desregulaciones, mejorar la productividad y llevar a cabo una política cambiaria compatible con la política fiscal.

De ello dependerá la viabilidad futura de las empresas, el crecimiento y el salario.