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Batlle y El Día: la división imposible
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Batlle y El Día: la división imposible

Charla de Rafael Franzini Batlle a jóvenes colorados el día 22 de mayo del 2020

“Cuando miro hacia el porvenir pienso que mi ambición se encontraría satisfecha si pudiera redactar con honor un periódico” 

Muchos de ustedes habrán oído o leído esta frase que Batlle le escribió a su padre, diciéndole que él vería su ambición satisfecha si pudiese redactar con honor un periódico o desempeñar una cátedra que, según se desprende de la carta, era de Derecho Natural. 

La frase es bastante bien conocida, porque cuando se habla de EL DIA o de Batlle, la vinculación es clara y muchos encuentran en ella algo así como la mención a  una vocación y el anuncio de la fundación de un periódico. Pero lo que es interesante, sin embargo, es que en esa misma carta Batlle confiesa que “solo me siento con vocación para la política y la poesía” 

Podemos especular algunas cosas por la respuesta de Lorenzo a esa carta: 

a) que estaba preocupado por las definiciones de gustos de Batlle, pues no le aseguraban un sustento en su futuro.

b) que temía que esas preferencias le trajeran problemas debido a su carácter, y

c) que conocía la determinación de su hijo y que la misma, debido a la situación en el Uruguay de aquella época, no le era muy favorable. 

Menos conocida, tal vez, sea la respuesta del padre: ”(el) periodismo aquí, será por mucho tiempo . . . el patrimonio de los más audaces, y no de los que más sepan: estos aman más su reposo,  han de huir esa ascua candente, de que se apoderan la inexperiencia y los charlatanes, y que solo proporciona disgustos sin alcanzar a fundar nada permanente.” Y agregaba, “Si, por suerte, se alcanza gran suscripción —que era la forma de comercialización de los diarios en aquellos tiempos— y se forma una empresa lucrativa, dese entonces el interés se sobrepone, y se sacrifica todo a su conservación. Ahi tienes al Siglo, el Telegrafo Marítimo y el Ferro Carril, que cuando el caso pasan por todo antes de exponer los lucros que les producen. Con otra conducta habrían sucumbido veinte veces. El carácter menos apropiado para la prensa diaria de nuestro país es el tuyo. . .” 

Y continúa esa carta diciendo que no concuerda con la elección de especializarse en Derecho Natural, pues “la prensa periódica no trata sino de cuestiones prácticas . . . el Derecho Civil, Comercial, Criminal, de Gentes, Canónico. . . pero no con el Natural que no existe sino como estudio para el fundamento de todos los otros. . .”

La propuesta de don Pepe, y la respuesta un tanto amarga de Lorenzo – frustrado porque veía que el joven Batlle se iba por caminos que él no quería para su hijo- me dan el argumento para encauzar esta charla, tarea difícil si tenemos en cuenta el periodo que abarca El Día en la vida nacional.

Primero, Batlle sabia lo que quería y si juntamos su confesa vocación política, su deseo de publicar un periódico y su interés por el Derecho Natural, podemos intentar entender la historia de El Dia, y la que Batlle construyó desde sus páginas. 

Segundo, lo que era “normal” para la época y Lorenzo veía como obstáculos (y hasta peligros) para su hijo:

a) que la prensa era partidaria o de ideas pero que los medios se olvidaban de ello a la hora de proteger sus ganancias, y

b) que en el criterio de su padre la honestidad y fidelidad de Batlle con sus ideas no le permitiría subsistir,

Tercero, un punto de partida para aquilatar la tenacidad de Batlle, que con una notable vocación política, veía en la prensa un instrumento idóneo para realizar su ambición y ejecutar sus visiones, que iban más allá del Derecho Positivo -limitado para su inspiración y acción- al que refería su padre.

Voy a construir esta conversación en torno a estos puntos, yendo y volviendo sobre los mismos, y me van a perdonar por ello, porque es imposible desligar, en el Batllismo de Batlle, la política, el diario El Día y el Derecho. 

De entrada, lo que acabo de mencionar sobre a política y el periodismo: El sueco Lindahl uno de los mejores biógrafos de Batlle, lo resume así: ”Un viaje a Europa en 1880-81 parece haber tenido mucha influencia en su evolución. De regreso a Uruguay se dedica al periodismo y a partir de 1889 tuvo su propio diario (no se si es error de imprenta, o toma en cuenta la segunda época cuando El Día se estabiliza) que le ocupaba la mayor parte de su jornada de trabajo. A pesar de ello, Batlle puede ser considerado como el primer politico full time del Uruguay”

Con esa frase confirmamos que a los ojos del investigador, Batlle es la simbiosis del periodista y del político. Y tal estado lo logró con maestría.

Vemos que Batlle el periodista no era un comunicador con una visión acotada a la transmisión de ideas, al periodismo de opinión. No. Batlle tenía un concepto de lo que debía ser un periódico, de su orden, de su contenido de su forma de ser escrito. Les cuento que cuando yo era un chiquilín un día fui a ver al último “sobreviviente” de EL DIA de Batlle, José Pereira Gonzalez, a quien don Pepe había nombrado en un alto cargo en la redacción, y que estaba a sus años, ya enfermo. Y le pregunté que era lo básico para escribir bien; no olvido su respuesta: “decía tu bisabuelo que hay que pensar con claridad para escribir con claridad” y que primero venía el hecho que ocurrió, y luego su comentario. Años después, cuando tocaba aprender aquello de las cuatro w (quién, dónde, cuándo, qué) para redactar una noticia, o la presentación de una nota analítica (porqué), me venían a la cabeza aquellos conceptos. 

Y me sorprendía saber la importancia que Batlle le asignaba al orden y presentación del periódico. Me contaban, y ahora ya no recuerdo quien, que don Pepe decía que el diario debía estar ordenado de forma tal que el lector entrase en él como a su casa, con la luz apagada. 

Esto es, que las secciones debían mantener un criterio espacial definido, de manera tal que el lector no tuviera dudas de donde encontraría las notas de su preferencia. Estos detalles, como su prolijidad para escribir las cuartillas que se convertirían en notas, su permanencia en la Redaccion con los periodistas, su crítica diaria a la edición pasada (Arena se refiere a los llamados de Batlle, —cuando éste no dirigía el diario por su actividad política— como un especie de tortura, dada su detallista en el cuidado de la edición) Pero tal vez la demostración de su conocimiento del negocio y la claridad propósito, fue la introducción de la venta voceada y no por suscripción, lo que le permitió bajar el precio del diario, y convertirlo en un articulo popular: el famoso diario a un vintén. 

Con un criterio comercial parecido, fue que introdujo el “aviso económico” una forma simultánea de brindar un servicio, ganar lectores y hacer sostenible la empresa, o cuando comenzó a publicar El Día los domingos Y con criterio empresarial de sustentabilidad y  eficiencia fue que compró nuevas imprentas, lo que le permitía publicitar que El Día “se presentará en condiciones excepcionales para su lectura”

Cuenta Arena refiriéndose a Don Pepe: “Y me habló de que su diario iba a ser una gran empresa periodística, que llegaría a vender veinte mil ejemplares diarios, ´no se imagina usted Arena la empresa que vamos a hacer -decía Batlle-, todo es cuestión de tiempo´”. Es decir, Don Pepe tiene un criterio periodístico y empresarial para El Día, que va más allá -o por lo menos se puede separar- de lo meramente político. Sabía lo que hacía.

Y como periodista político tenía clara su misión: “un periodista debe ser el reflejo de la colectividad que representa en la prensa. . . vivir su calor, impresionarse con sus impresiones, traducir sus ideales. . . formular sus quejas y lanzar sus anatemas” Pero el periodista debe buscar que el pueblo tenga espacio de libertad: “cuando el pueblo manifieste sus dolores con la queja y la amenaza, el periodista centinela alerta en su puesto mostrará que no ha dormido en la guardia.” Por eso en mi criterio el norte de EL DIA en su primera época fue la oposición a la dictadura de Santos, para lograr -aunque sea minimamente- espacios de libertad y democracia.

Pero lo político es esencial en Batlle. Y la importancia de su obra tal vez haya eclipsado sus otras actividades, como la de empresario periodístico a que me referí o la de poeta, cuya producción es casi desconocida, o la del padre preocupado por una familia enorme. 

Y como lo político es el alma tras su alma, su diario es un diario de ideas, una herramienta de formación, difusión y discusión. Un medio único a pesar de que momentáneamente don Pepe tuviera que cerrarlo en 1887, poniendo precisamente las ideas —en este caso su apoyo al Partido Colorado—por encima del lucro. . .

Por eso es que es tan difícil hablar exclusivamente de El Dia y de su historia, que no es otra que la historia del Batllismo fundacional, sin el contexto en que intento enmarcarla. Una historia intrincada con la de la República, por haberse construido juntas. Si tomamos 1830 como una fecha a partir de la cual reconocernos como nosotros mismos como nación, y ponemos punto final a la segunda época de EL DIA, en 1991, vemos que de esos 161 años, EL DIA estuvo presente en 105 — 43 años bajo la influencia directa de Batlle, y digamos que mas o menos 25, desde la última guerra civil en 1904 hasta la muerte de Don Pepe, en 1929- coincidentemente con la construcción del Uruguay moderno.

Para destacar la importancia del diario en esa larga jornada de más de 100 años elegí algunos hechos: el combate a la dictadura de Santos, una vez fracasada la Revolución del Quebracho, hasta el famoso “Adiós” que le dedicara Batlle, marcando el fin de su dictadura y de una era; la campaña por el sistema colegiado de gobierno -con los famosos Apuntes del 13- al cual Batlle le asignó una importancia capital; la construcción del Partido Colorado como partido de masas; y la transformación social del Uruguay mediante la generación de más derechos, ya sea sociales o políticos, lo que muestra que aquella preocupación por el Derecho Natural tenía un objetivo y destino. 

Ya muerto Batlle, rescato la lucha por la libertad oponiéndose a las dictaduras de Perón, de Terra y la que inició Bordaberry en febrero de 1973. Así, la defensa de los oprimidos durante la época peronista, acogiendo a muchos políticos de Argentina que se le oponían, y defendiendo la libertad de prensa en ese país tanto desde sus paginas como en el seno de la Sociedad Interamericana de Prensa, y denunciando —tratando de esquivar la censura y las clausuras— los exabruptos de las dictaduras del 33 y el 73.

Dicho así al barrer parece como poco — Se dice rapidito. 

Pero ustedes se imaginan lo que debe haber sido aquellos años de fines de 1800 en donde los esbirros del mandón llegaban al local de El Día a apresar a sus directores o a tratar de empastelar la imprenta

O cuánto debió haber sentido Batlle la necesidad de limitar el poder presidencial mediante el sistema colegiado como para que a ese empeño lo llevara a cabo -sin caer vencido y olvidar la empresa—a escasos dos meses de la muerte de su hija. Para mi, que conozco por mis mayores que convivieron con Batlle durante ese periodo tortuoso de la muerte inexorable de Ana Amalia, el tema del colegiado cobra una dimensión distinta, especial. 

O la tarea titánica de construir un partido moderno, funcional, participativo, cuando las organizaciones partidarias eran apenas un embrión de organización política, esbozada  rudimentariamente en una actividad electoral puesta en marcha desde las alturas del gobierno. Vean la diferencia entre la concepción de Viera y la de Batlle: decía Viera que la propuesta de Batlle, por la cual los representantes electos debían comparecer ante las bases partidarias, “está fuera del espíritu de nuestra democracia, que por ser representativa, supone siempre el gobierno de los mejores. Yo entiendo que los partidos, como fuerzas organizadas de la opinión pública, deben ajustar su acción al carácter representativo de nuestro régimen de gobierno.” A lo que Batlle contestaba: “nosotros a esta fórmula del gobierno de todos por los mejores tenemos otra fórmula que oponer. No es el gobierno de todos por los mejores lo que nosotros deseamos: es el gobierno de todos, pero por si mismos, por intermedio de los mejores ejecutores de su voluntad” De ahí, la importancia de la disciplina partidaria que defendió con ahínco 

Y pensemos que todos estos hechos, escritos, e intercambios de ideas ocurrían desde El Dia, y no sólo desde sus páginas, sino desde sus balcones, o salas, que se constituían, por aquel entonces, en el meridiano político del país.

Y qué del derecho a la huelga, y qué del voto de la mujer, y qué de la separación de la Iglesia del Estado? Qué habría sido de todo esto si Batlle, asumiéndose como Laura, Judas o Nestor, no hubiese predicado y defendido desde El Dia, esas ideas, que dan un perfil al Uruguay humanista que, aún con luces y sombras, lo distinguen con nitidez de otros países.

Me gustaría hablar de las empresas del Estado o de la profesionalización de sus directores, o de las razones por las cuales Batlle no quería que las ganancias de las mismas fueran vertidas a rentas generales, recordándonos, como lo afirmaba, que el Estado era mal administrador y que ello iría en desmedro del usuario y hasta de los trabajadores de dichas empresas.

La oposición a la dictadura de Terra pertenece a mis mayores. A mi abuelo Rafael, a sus hermanos César y Lorenzo. A mi otro abuelo, Luis Franzini, a quien Batlle puso a cuidar la administración de El Día. Fueron días de censura previa, de El Día saliendo con blancos (más bien negros) que indicaban los artículos retirados por el regimen del usurpador de aquellos días. Fueron días de exilio y de prisión. Pero el país, finalmente, de la mano de hombres de El Día, como César Batlle, cuya intervención en la transición a la democracia fue vital, salió del trance del gobierno de facto para entrar en una nueva etapa de prosperidad.

Y con el tiempo, la dictadura del 73. Me tocó vivirla y ahí aprendí, de primera mano, ya en mi casa, ya en el propio diario, la importancia de El Día. La necesidad de la oposición, y el orgullo de identificarse con la misma. Para nosotros, los adolescentes de la época, tener la posibilidad de hablar con los doctores Guzmán,  Barbagelatta,  Tarigo y Sanguinetti, o con Flores Mora y Renán, esperar sus notas para comentarlas entre nosotros, aspirar a poder escribir aunque sea un “sueltito” que nos permitiera sentirnos parte de la cosa, era como una iniciación en la vida pública, en la actividad política, por entonces prohibida, y por eso más atractiva aún. Yo recuerdo ir por la madrugada de los sábados al diario, a su taller (todavía en caliente) a esperar la edición del domingo e- inocentemente- sentirme parte de un proceso intelectual e industrial del cual —obviamente— no era. Pero el olor a tinta de aquellos días lo sigo sintiendo impregnado y, por su puesto, extrañando, casi que con la misma intensidad que a mis muertos.

De esa época tal vez el recuerdo más vital fue ser parte de la fundación de la Corriente Batllista Independiente, en el Salon Rafael Batlle Pacheco, que se ubicaba entre donde funcionaba La Semana y la Dirección del diario.  El Día, una vez más fue sede de mis recuerdos y memorias preferidas.

Entonces, si me preguntan si es buena la prensa partidaria, diré que yo no concibo al Uruguay de hoy sin ella. A la pregunta de si es buena en tanto prensa hoy día, diré que sí, si logra construir cosas como las que fueron construidas en el pasado. 

Si la pregunta concreta es si los diarios de hoy tienen que tener una línea informativa en la que a priori se sabe que privilegiará las noticias que beneficien a la oposición o al gobierno según su línea editorial apoye a un partido en el llano o en el poder, diré que eso forma parte de la libertad de expresión, y que —siempre y cuando esto haya sido advertido al lector— es opción honesta del editor hacerlo o no. Ahora, de acuerdo a la evolución de los medios de comunicación, a mí, por lo menos, no me parece aconsejable. Mi pensamiento en la materia lo expuse en el primer número del Día semanario, el último intento que ese hizo para reeditarlo. 

Ahí decía que informar y formar era el propósito que animaba a este emprendimiento. Por eso nos parecía que el tratamiento de la noticia debería ser lo más imparcial posible (sabiendo que, desde que se puede titular a una o a seis columnas, la imparcialidad no existe absolutamente) honestamente buscando ese fin, y que la opinión del nuevo periódico, en ejercicio de la libertad de expresión, solo se daría en la pagina editorial. “Nuestros editoriales nunca serán noticia sino para otros medios y nuestras noticias nunca serán editorializadas”.

No obstante lo anterior, me gustaría, para ir redondeando, subrayar que en esto de los medios partidarios, entendiendo por ellos los que con claridad escogen la intensidad y seleccionan la calidad de la noticia mucho dependerá con la integridad que se transmita el papel que se juega: si mañana fundo un diario al que solo abriré mi espacio para entrevistar a gobernantes del Partido Colorado y así lo transmito sin ambages, me podré estar suicidando desde el punto de vista empresarial, pero la gente sabrá lo que soy y pretendo ser —un vehículo del Partido Colorado. Será bueno o malo según sea aceptable o no para el público, pero no será deshonesto.

Miren, en estos días, con la radicalización que existe en USA, hay académicos que se han dedicado a estudiar la cuestión de la partidización de los medios de comunicación Y hay algunos hallazgos que me gustaría compartir con ustedes para subrayar como en este tema, como en tantos otros, todo es relativo.

Por un lado los estudios a propósito de la continua acusación del presidente Trump sobre las fake news, indican que mucho depende de la percepción, y de los propios prejuicios de la gente, ya que ciertos medios identificados como liberales por tener una línea editorial más cercana al partido demócrata no necesariamente dan un tratamiento a la noticia distinto a los medios que tienen una línea editorial más conservadora, identificada con los republicanos. Ejemplo de esto es que hay investigaciones que prueban que hay personas que siguen insistiendo en la falta de imparcialidad de un medio aunque la noticia haya sido brindada desde otro más afín a su preferencia política al que se le cambió la etiqueta de su procedencia al momento de hacerlo disponible al encuestado para realizar el experimento.

No obstante, es importante destacar que no siempre es fácil llegar a conclusiones firmes. Así, por ejemplo se ha visto como muchas veces los editores de medios de una tendencia eligen cartas de los lectores de la contraria para, justamente, mostrar su imparcialidad aunque ello en puridad sea una forma de ocultamiento de la realidad. O que un sector político critique conclusiones de expertos creíbles, basadas en evidencia, cuando sus argumentos no tienen igual rigurosidad. En definitiva, es difícil concluir que un medio es partidista al tratar las noticias simplemente por la existencia de la queja de los partidos contrarios o por su propia linea editorial. 

Aun así, se ha notado en los últimos tiempos que medios como FOX, con clara e indisimulada simpatía a los Republicanos, editorializan la noticia, a pesar de una pretendida imparcialidad al citar fuentes o conferir espacios a representantes de uno u otro partido. Y  MSNBC, que privilegia los puntos de vista liberales, ha optado por seguir el modelo de FOX, gracias a lo cual ha doblado su audiencia.

¿Qué quiero decir con esto? Que la radicalización ideológica —el sistema binario de posiciones— ha generado una pérdida de confianza en la imparcialidad de los medios y el uso exclusivo de aquellos que coinciden con la posición del usuario, al cual sí se le asigna credibilidad, lo que refuerza la existencia de  medios partidistas. 

Ello ha llevado a politólogos como Matt Grossman, de la Universidad de Michigan, a decir que el dominio de medios independientes confiables reputados como imparciales no es es un estado natural de cosas. Ellos constituyeron un fenómeno del siglo XX, pero no hay garantías que subsistirán.

Finalmente, la pregunta que no puedo contestar sin advertir que me comprenden las generales de la ley: ¿es reeditable EL DIA? Quisiera creer que sí, pero pienso que no por alguien de mi generación. Me parece que los intentos del 92 y del 2000 hablan por sí solos. No basta con la buena voluntad, se necesita que las condiciones estén dadas. 

Tanto las políticas, como las sociales, como las económicas. Y para poner un ejemplo de la complejidad de las cosas me gustaría referirme al Washington Post. Este poderoso diario, que logró voltear al presidente Nixon, con lo que su proyección y prestigio se fue a las nubes, fue adquirido hace siete años por el hombre más rico del mundo, Jeff Bezos, el fundador de Amazon, lo que le ha permitido seguir con vida aunque su equilibrio financiero se haya logrado apenas tres años después de la compra y no debido a mejoras en la tradicional edición de papel, sino por la reconversión del medio hacia una versión digital. Lo que sí es cierto, al menos, por ahora, es que la línea editorial que el periódico tenía mientras estaba en las manos de la familia Graham por cuatro generaciones, no ha cambiado sustancialmente.

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