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Auge y caída del Banco Nacional
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Auge y caída del Banco Nacional

La necesidad de un Banco Nacional fue planteada, dice Carlos Visca- Emilio Reus y su época- por primera vez en 1874 por Angel Floro Costa. 

El patriciado montevideano añadía a  su condición otras dos, la de banqueros y legisladores.  José Pedro Ramírez era vocal del Banco del Uruguay. Juan Iriarte Borda y Duvimioso Terra fueron  vicepresidentes  del Banco Transatlántico. Juan Zorrilla de San Martín fue fundador del Banco del Crédito Real. 

Sería  el General Tajes quién envió el proyecto de ley de creación de un banco  nacional de emisión de billetes, comercial, especulador de bolsa e hipotecario. Nacería con capitales argentinos  pertenecientes a las familias Cassey, Bunge, Arreyagaray y Duggan, entre otros, gerenciados por un abogado que se había arruinado en el viejo continente, Emilio Reus.   Su directorio quedó integrado por A. Montero, M. Moratorio y D. Stewart. 

Por esos tiempos, el papel moneda bancario era convertible en oro, como una letra de cambio bancaria se convierte hoy en dinero.  Todavía se puede ver en  algunos billetes estatales fuera de circulación pero contemporáneos a mi existencia,  la mención “pagadero a la vista”. 

El Banco Nacional abrió una cuenta especial a nombre del gobierno que recibía los fondos recaudados por la Dirección General de Impuestos y la Aduana. Poco después se encargaría también de recibir y controlar todo lo relativo al empréstito por 20 millones de pesos que  el  gobierno gestionaba   en Londres. 

En nuestro país, entre los años 1887-1892 se fundaron  más de 100 sociedades anónimas, que en ese entonces captaban  dinero ciudadano, cuyos proyectos eran el alumbrado a gas, el empedrado, los ferrocarriles, entre otros.  Los concretados fueron la fábrica de fósforos de Villemur, la Compañía Uruguaya de Alumbrado a Gas y Luz Eléctrica; la Cervecería Montevideana, La Cooperativa Telefónica Nacional, la Vitícola Uruguaya en Salto.  En cambio, pese a captar ahorro público, nunca se concretaron ni el ferrocarril Montevideo – Buenos Aires, ni la canalización del Río Negro, ni otros proyectos que quedaron por el camino. 

Por esas fechas, un inversor de apellido Gras propuso colonizar e industrializar los departamentos de Maldonado y Rocha. Ofrecía traer 4000 inmigrantes y realizar las siguientes obras: un puerto en Maldonado. Un murallón de 20 metros de ancho entre la Isla Gorriti y Punta del Este y un ferrocarril que uniese Rocha con Pando.  Otro inversor de apellido Taddei trajo 10 mil inmigrantes. 

 En esos días nacieron colonias agrícolas industriales de italianos – ¿de origen suizo?- en el departamento de Colonia. En Tacuarembó nacieron los asentamientos de Paullier y Minuano. 

El 22 de octubre de 1887 empezó  a caer el valor de las acciones del recién fundado Banco Nacional. El 30 de diciembre, renuncia el tesorero Tomás Gomensoro aduciendo que jamás había tenido en sus manos la llave de la caja de caudales. 

 En julio de 1888 renuncia Reus a la gerencia del  banco  para fundar   la  Compañía Nacional de Crédito y Obras Públicas con una serie de proyectos, entre ellos  la búsqueda de oro en Minas, la modernización del  puerto de Montevideo y la construcción de barrios.   Cuando  la compañía de Reus quebró se embarcó en la Sociedad de Crédito Argentino y el Banco Transatlántico.    

A principios de 1889 se modifica por ley el estatuto para el aumento del capital  del Banco Nacional pudiendo emitir billetes por el doble del mismo.  

 El 5 de julio de 1890 el Banco Nacional suspendía la conversión de sus billetes en oro.  El diario La Razón publicó un día después, según  cuenta Visca: 

No corre más velozmente la electricidad de lo que corría ayer la noticia de que el Banco Nacional iba provisoriamente a suspender la convertibilidad de sus billetes. Sino todos, la mayor parte de los tenedores bancarios pretendían no quedar fuera del oro a espera de la reapertura de la conversión y de ahí que se apresuraran, se atropellaran y hasta rodaran algunos por las escaleras que conducen al vestíbulo de las oficinas del despacho del mencionado establecimiento, sufriendo no pequeño desengaño al encontrarse frente a los carteles pegados a los cristales, cuyo anuncio de no conversión momentáneamente les producía gran desaliento y bajaban cabizbajos y desganados, no se su primera intentona, pero sí de hacer por el momento cualquier otra cosa. En esta ímproba tarea estuvieron entretenidos centenares de personas durante tres horas. Entretanto, la cuadra de Zabala desde Cerrito a Piedras, así como la mitad de las adyacentes se atestaba de gente, de curiosos, en su mayor parte, que de no tratar de convertirse ellos mismos en oro, maldito el billete que tuvieran en su bolsillo. 

 Según  Visca  de acuerdo a  datos oficiales, solamente en Montevideo se habían declarado en quiebra más de mil establecimientos de comercio. Tres días después de estallada la crisis, la casa Baring Brother ofrecía suscribir una parte del capital del Banco Nacional pero dicha banca entró en insolvencia unos días después arrastrado por sus inversiones en Argentina. 

En 1891 caía del Banco Inglés del Río de la Plata que era sucursal de una institución inglesa que también entró en  cesación de pagos. Esta tenía gran cantidad de letras giradas por el Banco Nacional para el pago del servicio de la deuda pública, que debían ser  abonadas por la casa central en Londres.  Los uruguayos hicimos la remisión de fondos de las mismas pero estos quedaron atrapados en la masa activa de los fallidos. 

 Finalmente el Poder Ejecutivo envió un proyecto de ley pidiendo la liquidación del Banco Nacional.  De sus cenizas nacieron el Banco Hipotecario del Uruguay y un nuevo banco de emisión –cosa que se concretaría en 1896– el actual Banco de la República Oriental del Uruguay. 

 

  

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