Hay algo profundamente incómodo en ver a un país celebrar una nueva línea de endeudamiento como si fuera una victoria diplomática. Más aún, cuando esa “ayuda” viene condicionada, atada a simpatías ideológicas y ofrecida por actores que, lejos de representar estabilidad institucional, simbolizan lo contrario. Esta semana, la Argentina de Javier Milei cerró un acuerdo con la administración de Donald Trump para una línea de crédito de hasta “US$20.000 millones”, con posibles extensiones. ¿Rescate financiero? ¿Apoyo geopolítico? ¿O un salvavidas con plomo?
El salvador externo y el déjà vu nacional
El acuerdo con Estados Unidos no es estrictamente un crédito clásico del Tesoro, sino una estructura de swap de divisas y compra de pesos argentinos, orquestada bajo la tutela del secretario del Tesoro designado por Trump, Scott Bessent. Pero, más allá de la ingeniería financiera, el mensaje político es claro: Milei apuesta a que el oxígeno venga de afuera, mientras adentro se acumulan los signos vitales en rojo.
Los mercados, predeciblemente, reaccionaron con un leve alivio: el riesgo país bajó, el dólar se contuvo y algunos activos subieron. Pero el optimismo, si es que existe, tiene pies de barro. Porque detrás de este acuerdo no hay un plan económico consolidado, sino una seguidilla de parches, ajuste fiscal brutal, licuación del gasto social y una creciente distancia con la realidad de la calle.
¿Ayuda o condicionamiento?
Que el salvataje llegue a días de las elecciones legislativas en Argentina no es casual. No es un dato menor. La foto entre Milei y Trump —el expresidente más polarizador que haya tenido EE.UU. en décadas— fue celebrada por el oficialismo como si se tratara de un respaldo mesiánico. Pero detrás de esa postal se esconde una lógica preocupante: los acuerdos financieros se convierten en apuestas políticas.
¿Y si Milei no consigue mayoría legislativa? ¿Y si Trump no gana en noviembre? ¿Qué pasa con esos US$20.000 millones si el clima geopolítico cambia? Argentina vuelve a jugar el viejo juego del péndulo: buscar el favor externo para tapar los agujeros internos. Pero esta vez, con un nivel de improvisación alarmante.
El ajuste sigue, y la economía real no aparece. Mientras tanto, la economía sigue mostrando señales preocupantes. La inflación se desaceleró, sí, pero a costa de una “recesión cada vez más profunda”.
El consumo cayó en casi todos los sectores, y la pobreza supera ya el “52%”, según mediciones independientes. El dólar oficial se mantiene bajo control, pero el paralelo sigue siendo un termómetro del escepticismo estructural.
El ajuste del gasto público ha sido brutal, sin una red de contención clara. El Estado se retiró de áreas clave sin haber preparado mecanismos alternativos, y hoy la sensación en muchas provincias es de abandono.
Trump y Milei: afinidad peligrosa
Más allá del acuerdo económico, lo que más inquieta es el tipo de alineamiento político que representa esta alianza. Trump, en su retorno al escenario internacional, busca reconstruir su red de influencias. Y Milei parece decidido a ser su punta de lanza en Sudamérica.
Pero esa cercanía trae riesgos. Porque más allá de la retórica libertaria, la política internacional exige estabilidad, continuidad y respeto por las instituciones. Y ni Trump ni Milei se han caracterizado por su apego a esas reglas. El peligro es que Argentina quede atrapada en un juego geopolítico que no controla, y que pague con soberanía lo que hoy recibe en dólares.
Pan para hoy, hipotecas para mañana
El gobierno de Milei celebra un acuerdo que, en el mejor de los casos, compra tiempo. Pero no resuelve lo estructural: no hay un plan de desarrollo, no hay estrategia productiva, no hay pacto político interno. Sólo hay ajuste, fe ciega en el mercado y una búsqueda frenética de respaldo externo.
La historia argentina está llena de momentos como este: donde lo urgente le gana a lo importante, y donde el salvador de turno se convierte en el villano del capítulo siguiente. Ojalá esta vez sea diferente. Pero por ahora, los datos, las formas y los actores nos hacen temer lo contrario.


