Aranceles; una amenaza a la economía de EEUU y mundial

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump anunció durante julio nuevos “acuerdos” arancelarios con Japón y la Unión Europea, la imposición de un arancel de 50% a Brasil y una larga lista de tarifas recíprocas con el resto de sus socios comerciales, lo que lejos de beneficiar al país del norte, amenazan a su economía y a su propia posición geopolítica.

Desde que Trump asumió su mandato el 20 de enero y comenzó a desplegar su política comercial con una posición dura y arrogante a la hora de fijar aranceles, la incertidumbre se instaló en los mercados mundiales, que mantienen su interrogante acerca del impacto del proteccionismo estadounidense.

Las bolsas de Estados Unidos, que cayeron en los primeros meses de la administración Trump y luego tuvieron una recuperación desde sus mínimos, comenzaron agosto con caídas, ante los temores de que el futuro no sea tan promisorio.

El jueves, el gobierno de EEUU informó que el índice de inflación PCE, que excluye los precios volátiles de la energía y los alimentos subió 2,8% en los 12 meses finalizados en junio, frente a previsiones de 2,7% y al objetivo de 2% fijado por la Reserva Federal (Fed), lo que impide por el momento al organismo rebajar las tasas de interés, tal como reclama Trump.

Los aranceles impuestos, entre ellos 15% a la Unión Europea, Japón y Corea del Sur y 35% a Canadá, lejos de contribuir a bajar la inflación, generarán más presión aún sobre los precios y por lo tanto las ventas y las ganancias empresariales.

General Motors y Ford ya vieron un impacto negativo cercano a USD 1.000 millones cada una en sus beneficios del segundo trimestre, mientras que la Asociación de Restaurantes anunció que tendrá costos adicionales por USD 15.000 millones por la suba en los precios del café, la carne y las bebidas alcohólicas entre otros insumos.

Los aranceles llevaron además a que el Fondo Monetario Internacional (FMI) admitiera que el crecimiento de la economía mundial se desacelerará a 3% en 2025 y a 3,1% en 2026, frente a 3,3% en 2024 y a 3,7% del promedio prepandemia.

Por su parte, la Organización Mundial del Comercio (OMC) estimó que esta nueva guerra comercial producirá un enlentecimiento de 0,6% en el comercio mundial, que creció 5,3% interanual en el primer trimestre.

A su vez, menor crecimiento de la economía y del comercio mundial, lleva a presiones sobre el empleo, el salario y la distribución del ingreso, además de caídas en la recaudación y aumentos en los déficits fiscales y el endeudamiento mundial.

Como ocurre siempre, los platos rotos los pagarán los países de menor desarrollo -y por cierto su gente- y que dependen de los mercados externos para crecer, como es el caso de Uruguay, al que se le mantuvo un arancel de 10 por ciento.

Un capítulo aparte merece la imposición de un arancel de 50% a Brasil, ya no por motivos económicos o comerciales, sino por la situación judicial del ex presidente de éste país, Jair Bolsonaro, que enfrenta un juicio por intento de golpe de Estado.

Resulta inadmisible entonces la intromisión de un mandatario extranjero en asuntos internos de otro país y más cuando se busca coaccionar a un poder independiente como es la Justicia, sobre la que tampoco Lula ni podría ni debería incidir.

La política hostil de Trump, tanto en materia estrictamente comercial, como en este tipo de intromisiones, sólo podrá llevar a aumentar la influencia de China, así como a un sentimiento antiestadounidense que siempre está latente y sólo falta encontrar la chispa para que se active.

De hecho, ya Brasil y China firmaron un acuerdo para la construcción de un tren que unirá el Atlántico con el Pacífico. Esto es sólo el primer ejemplo, pero es notorio que el país asiático busca una mayor incidencia en Sudamérica.

En resumen, son muchos más los aspectos en los que la política y la economía mundial retroceden, que en los que avanzan, y por lo tanto, es deseable que está visión no perdure en el tiempo.