Las elecciones nacionales del pasado domingo nos han dejado una nueva realidad parlamentaria que refleja una representación interesante y un verdadero quiebre en el sentir político de la ciudadanía. El escenario se configura, por un lado, con el Frente Amplio como el partido más votado, seguido por una combinación de partidos que en conjunto superan su votación.
Esta realidad, que no es nueva y que según el querido Mapocho Domínguez tiene más de 100 años, refleja en parte el poco espacio político para corrientes que no se alinean con los partidos mayoritarios. El Frente Amplio ha salido favorecido al obtener la mayoría en la Cámara de Senadores y lograr 48 diputados, mientras que la coalición ha experimentado una reconfiguración interesante en términos electorales y parlamentarios.
El gran perdedor de la jornada fue, sin dudas, Cabildo Abierto. Además de una drástica disminución en su representación, quedando fuera del Senado y perdiendo 9 diputados, sufrió una caída de casi 9 puntos porcentuales en su apoyo electoral. Esto refleja la debilitación de la posición política de Guido Manini Ríos y su sector, debido a diversos episodios vividos en el último lustro durante su participación en el gobierno. La ciudadanía no ha pasado por alto escándalos como el amparo a los fueros, acuerdos legislativos con la oposición, la entrega de viviendas por parte de su esposa y exministra Irene Moreira, y el retraso en la aprobación de la reforma de la seguridad social, entre otros.
Además, se ha observado el regreso de Bordaberry a la arena política, compitiendo por el mismo electorado conservador y presentando una alternativa atractiva por su experiencia, trayectoria, seriedad y claridad en comparación con Manini Ríos.
El Partido Nacional ha mantenido su voto dentro de los márgenes históricos, perdiendo solo un punto desde las elecciones de 2019. Álvaro Delgado ha llegado al balotaje para competir con Yamandu Orsi, enfrentando el desafío de unir a todos los partidos y lograr un consenso, lo cual no será una tarea sencilla.
Es importante señalar que la coalición actual es principalmente electoral y carece de un programa común. Las declaraciones sobre el cogobierno realizadas por el candidato colorado no fueron bien recibidas por los demás socios ni por algunos sectores del propio Partido Nacional. A pesar de aclarar posteriormente que se refería a toda la coalición, la vicepresidenta Beatriz Arrimón dejó en claro que el Partido Nacional no está a favor de un cogobierno y que, en caso de ganar el balotaje, será el Partido Nacional quien gobierne.
Estos desacuerdos previos al acceso al gobierno reflejan que la coalición no es tan sólida como se presenta, carece de un proyecto común para el país y funciona más como una cooperativa de votos que luego se recompensan con cargos. Aunque esto no necesariamente es negativo, es importante reconocer la realidad.
El Partido Colorado, que se sentía en el balotaje 48 horas antes de las elecciones, logró aumentar su respaldo electoral, pero no alcanzó el balotaje como había pronosticado el expresidente Julio María Sanguinetti. Es necesario destacar las actitudes del propio candidato, quien llevó a cabo una campaña al menos engañosa y generó expectativas falsas, sumado al episodio del cogobierno ya mencionado.
El ganador de la noche del domingo indiscutiblemente fue el Dr. Salle, quien, con una campaña marginal, logró acceso a dos diputados y estuvo cerca de llegar al Senado. Con un poco más del 2 por ciento de los votos, Salle se convirtió en la llave para la gobernabilidad, ya que ni el Frente Amplio ni la Coalición lograron la mayoría en diputados, lo que los obliga a buscar acuerdos con el jurista para la aprobación de leyes fundamentales como el presupuesto y las rendiciones de cuentas.
El acceso del Dr. Salle al parlamento, con posturas críticas hacia el sistema y denuncias constantes contra actores políticos principales, envía un mensaje claro de una parte de la ciudadanía que espera más de los políticos actuales. Aunque comparto algunas de sus denuncias, como las relacionadas con la bancarización, la reconfiguración de la fiscalía y el nuevo código del proceso penal, difiero en otros temas como su postura frente a la pandemia, la vacunación y su enfoque general contra el sistema político.
En resumen, las elecciones han dejado un panorama interesante para el futuro. La capacidad de entendimiento, negociación y adaptabilidad serán cualidades clave que determinarán qué candidato ocupará la presidencia en el próximo período. Las negociaciones preelectorales para la conformación de la coalición y los acuerdos que el Frente Amplio buscará con otros sectores de los partidos prometen un noviembre movido e intenso.


