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Editor responsable: Rafael Franzini Batlle
jueves, enero 22, 2026

Posmodernidad y política: “¡Cuidado con los hombres fuertes!”

Si la modernidad y la ilustración nos permitió salir de la caverna de Platón, la posmodernidad nos vuelve a encerrar en ella. Vivimos en un mundo donde todo es relativo, la verdad es discutible y con un nivel de hegemonía del individualismo exacerbado. Esta realidad escala a todos los ámbitos de la sociedad contemporánea, la política no escapa a esta generalización. Dicha situación, conjugada por la presencia de un fuerte hastío hacia la política como herramienta para mejorar la calidad de vida, con una mayor presencia de ciudadanos ausentes (o meros votantes en el mejor de los casos) en desmedro de ciudadanos virtuosos, pone en peligro a nuestras instituciones democráticas y republicanas que nos garantizan libertad, previsibilidad y el bien común conjugado con la virtud cívica. Es en este contexto, recurriré a una expresión de alerta a los lectores proveniente de la lista 14 por la campaña a favor del Colegiado Integral sostenida constantemente por un politólogo republicano de origen uruguayo, Pablo Ney Ferreira, al cual recomiendo su lectura, que nos dice: “¡Cuidado con los Hombres fuertes!”
El filósofo e historiador argentino José Pablo Feinmann plantea algo clave e interesante. Dicho investigador nos presenta a la filosofía posmoderna como una moda y crítica que lo que se le puede hacer es su excesiva desconstrucción de la historia. Algo similar plantea el filósofo italiano Vattimo. Este entiende a la posmodernidad como la gran oportunidad de salirse de la cultura humana, tan característica de la modernidad, asociando el tiempo actual como el fin a todo lo relativo al centro de la época moderna; es decir, al fin de las ideologías, el fin de la historia, el descompromiso o desinterés con la política y las cuestiones comunes de la sociedad. La entiende como el cuestionamiento a la creencia del humanismo, de la ilustración e inclusive de los propios antiguos griegos como Aristóteles cuando afirma que ese es el mejor camino hacia la verdad, la libertad y la superación. Relativiza así la posmodernidad a la izquierda y la derecha llegando en algunos casos hasta a descreer en la democracia, ya que, en el fondo habría un interés superior que se debería evitar. Pero, aquí cualquier lector poco habituado al debate republicano y político podría preguntarse: ¿En qué nos afecta todo esto? ¿Cuál es la situación uruguaya?
Esta situación nos trae grandes peligros a los que nos podemos llegar a enfrentar, tales como la aparición de algún líder o caudillo populista con buenas posibilidades de éxito. El caudillo que entraña todos los peligros y daños que trae consigo el populismo sea de izquierdas o de derechas. Pero no es el único problema al que nos podríamos enfrentar. Nos enfrentamos también a tener que vivir en una sociedad polarizada, dividida, apática, deshumanizada, desinteresada en absoluto con su alrededor y hasta violenta, donde cada uno está encerrado en sus propios intereses y su propio bienestar, sin importar el resto. Eso implica una pérdida de libertad, al menos, de la libertad republicana, porque en una verdadera democracia republicana uno es verdaderamente libre desarrollándose en la vida pública, ya que, como nos dice Aristóteles somos seres sociales, animales políticos por naturaleza. Es por ello que este ciudadano ausente, cada vez más encerrado en lo propio, se va deshumanizando porque el ser humano necesita vivir en sociedad y quienes no necesitan de la sociedad, quienes se complacen con la absoluta soledad, es simplemente porque son más que humanos, es decir, son dioses o, por el contrario, han de ser considerados como bestias salvajes.
Acá en Uruguay tenemos algunos casos recientes. Uno de ellos es el caso del Novick que tuvo un paso fugaz por la política uruguaya. Considerado como un populista de derechas y outsider de la política, apostaba al pragmatismo y la gestión eficiente acompañada con la despolitización y desideologización de los individuos. Otro caso emblemático y que aún sigue, pero con menos fuerza, es el caso de Juan Sartori. Un uruguayo, que vivió siempre en el exterior, totalmente desconectado de la realidad de la polis uruguaya y que, aunque no podría considerarlo como populista porque probablemente no lo sea, también va por el mismo camino de la despolitización y la desideologización. Ello llevado al punto que no se sabe qué valores cívicos y qué ideas políticas defiende al día de hoy con exactitud.  Igualmente, aunque la sociedad, las instituciones y el entramado cívico pudo en cierta medida limitarlos, no implica, que nuestra democracia republicana este vacunada y sea infalible.
Actualmente, tenemos el caso de Andrés Ojeda en el Partido Colorado. Un candidato que, a pesar de tener experiencia política, militancia y algún cargo electivo como ser edil en el departamento de Montevideo, se vende como el candidato de la renovación. Junto a eso, en vez de apelar a la reconstrucción de la ciudadanía y de mejorar la calidad de nuestras instituciones democrático-republicanas, se justificó argumentando que como existen los ciudadanos ausentes, gente apática con la política como sinónimo de vida plena desde una visión republicana, no presentaría plan de gobierno alguno, o proyectos de país para ser debatidos. Ojeda reniega de las ideas y desprestigia los valores de la política como herramienta para apelar a lo posmoderno.
Todo ello es englobado por sus alianzas, como el caso emblemático de unirse con el ex fiscal Gustavo Zubía en desmedro de las ideas y del proyecto país para evitar que cierto candidato gane. Vemos que, de esta forma, se sigue vaciando a la política de todo contenido de ideas y retaceando un debate totalmente necesario para el Partido Colorado. Aquel partido que supo en su momento, principalmente durante el primer batllismo, ser el partido político más democrático y republicano por su estado asambleario, por los debates y el contenido de ideas, visiones y proyectos de país puestos al debate público. Estamos hablando de un candidato, carente de contenido, con un discurso poco republicano al sostener que busca que gane cualquiera sin importar absolutamente nada, que gane cualquiera menos un partido y vendiendo solamente a su persona, a la imagen.
Ello sucede en el partido político donde el ciudadano ilustre José Batlle y Ordoñez defendía su más amado proyecto: el Poder Ejecutivo Colegiado tanto a nivel nacional como departamental. Un sistema de gobierno despersonalizado pensado para evitar personalismos como el de Ojeda.

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