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Editor responsable: Rafael Franzini Batlle
miércoles, febrero 4, 2026

En la encrucijada argentina — ¿una revolución legislativa o un frenazo para el gobierno de Javier Milei?

La escena política argentina se encuentra en un punto de alta tensión y ambigüedad de cara a las elecciones legislativas de medio término, fijadas para el próximo 26 de octubre de 2025. En el centro de ese escenario está el gobierno de Javier Milei, que, tras su arribo al poder, se lanzó a una reforma económica y estatal de gran calado. Sin embargo, esos cambios estructurales, combinados con un clima de polarización y desgaste social, abren tantas posibilidades como riesgos. Este análisis revisa los ejes más relevantes —contexto, actores, tensiones clave y lo que está en juego— para trazar un diagnóstico sobre dónde podría dirigirse Argentina.

Contexto económico y social

El gobierno de Milei ha impuesto un rumbo de fuerte reforma liberal: reducción del gasto público, recortes en múltiples áreas del Estado, confrontación frontal con los mecanismos tradicionales de la política argentina. Por ejemplo, el presupuesto sanitario sufrió un recorte del 48 % y fueron despedidos más de 2.000 empleados del Ministerio de Salud.

Estos recortes, según analistas, alivian parcialmente la presión fiscal, pero también generan un fuerte desgaste social: servicios públicos resentidos, impacto en los sectores más vulnerables y aumento de la incertidumbre.

En paralelo, Argentina aún debe afrontar grandes obligaciones externas, entre ellas pagos al Fondo Monetario Internacional (FMI) y vulnerabilidades cambiarias que se evidenciaron cuando tras elecciones locales el dólar oficial pegó un salto pronunciado. 

Este contexto deja un dilema claro: si bien la reforma tiene argumentos técnicos de estabilización, su costo político y social es alto. Y en una elección de medio término, ese costo suele traducirse en castigo electoral al oficialismo.

Las elecciones de medio término: ¿referendo o validación?

Las elecciones parlamentarias de octubre cumplen una función dual para Milei y su movimiento: Por un lado, representan un “referendo” sobre su gestión y reformas hasta ahora. Por otro, ofrecen la posibilidad de consolidar una mayoría legislativa que permita avanzar con su agenda sin bloqueos.

En este sentido, los datos sugieren peligros: el 7 de septiembre de 2025 el bloque de Milei sufrió una derrota importante en la provincia de Buenos Aires —la más poblada del país— donde su partido quedó alrededor del 33 %, superado por una coalición peronista con cerca del 47 %. 

Asimismo, el Congreso le dio un aviso claro: se sobrepusieron varios vetos presidenciales con amplias mayorías, lo que representa una pérdida de control político del ejecutivo. 

En contraste, sin embargo, encuestas realizadas meses antes daban una ventaja clara al partido de Milei —cerca del 39 % frente a un 28 % para la oposición— lo que indicaba que, al menos en intenciones, la base de respaldo existía. 

Queda planteada, entonces, una tensión clave: ¿Puede el oficialismo transformar respaldo en victoria real, o será castigado por la combinación de expectativas y costos?

Polarización, transferencia de votos y el mapa opositor

Un rasgo destacado del actual ciclo es la “intensa polarización”: el sistema político argentino está cada vez más dividido entre un bloque oficialista reformista liderado por Milei, y una oposición peronista que busca reagruparse y capitalizar el descontento. Un análisis de agosto de 2025 subraya que el escenario está “totalmente polarizado”.

Además, el fenómeno de transferencia de votos (cómo los electores de fuerzas menores migran hacia grandes coaliciones) se vuelve decisivo. En 2015-17 se dieron casos paradigmáticos; hoy esa dinámica podría beneficiar al oficialismo o a la oposición, dependiendo de la capacidad de movilización.

La oposición peronista, con figuras como Cristina Fernández de Kirchner y Axel Kicillof, ha mostrado intención de consolidarse como alternativa. Después de la derrota de Milei en Buenos Aires, ese bloque se vio reforzado. 

El riesgo para el oficialismo es que la polarización se conjugue con la abstención de su base o dispersión de las fuerzas menores, debilitando el número de bancas que pueda conquistar.

¿Qué está en juego realmente?

Las elecciones legislativas de medio término no son un simple trámite: para Argentina están en juego varios elementos decisivos:

Capacidad de gobernar: Si Milei no logra mejorar su bancada en el Congreso, su agenda de reformas corre el riesgo de estancarse. Ya se han visto vetos superados, lo que indica un desequilibrio de poder.

Estabilidad económica y de expectativas: Un resultado adverso puede generar un efecto negativo sobre los mercados, la moneda y la credibilidad internacional, como ya se vio tras la caída del peso luego de los comicios en Buenos Aires. 

Proyección para 2027: Más allá de octubre, el mapa electoral de medio término anticipa cómo se conformarán alianzas, liderazgos y estrategias para la próxima presidencial.

“Legitimación o desgaste del modelo”: Si las reformas siguen avanzando sin freno, habrá un impulso de continuidad; si la sociedad castiga los costos del ajuste, puede abrirse la puerta a retrocesos o a un cambio de rumbo.

Riesgos y oportunidades del oficialismo

Oportunidades

Existe una base de apoyo que estaba en ascenso según encuestas: esto brinda margen para capitalizar antes de octubre. Si el gobierno logra mostrar resultados tangibles, podría revertir parte del desgaste.

Riesgos

El fuerte coste social del ajuste puede movilizar a la oposición y provocar abstención entre simpatizantes del oficialismo. La derrota en la provincia de Buenos Aires envía una señal de alarma: perder ese distrito clave erosiona las narrativas de éxito.

La fragmentación política y la polarización pueden generarle al oficialismo el efecto de “quemar” votos antes de octubre, disminuyendo su margen de maniobra.

Un cruce de caminos

Nos encontramos ante un momento de inflexión para la política argentina: el gobierno de Milei busca consolidar su proyecto liberal, pero al mismo tiempo enfrenta un contexto adverso y una oposición que capitaliza los costos. Las elecciones de medio término serán una especie de examen de la gobernabilidad: ¿podrá Milei traducir su proyecto en mayoría legislativa o será frenado en seco por un electorado que siente los efectos del ajuste?

Para la ciudadanía, el mensaje es claro: las urnas no solo decidirán quién tiene más bancas, sino qué rumbo político primará en los próximos años. Si la reforma avanza sin contrapesos, Argentina puede iniciar un nuevo ciclo de transformación; si el oficialismo retrocede, pueden abrirse etapas de mayor conflictividad, retrocesos parciales o reformas de menor envergadura.

En definitiva, octubre no será solo una elección más: es el pulso que definirá si Argentina da un paso firme hacia un cambio estructural o vuelve a los dilemas clásicos de su frágil gobernabilidad. Y el tablero está puesto.

 

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