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Editor responsable: Rafael Franzini Batlle
miércoles, febrero 4, 2026

El engaño coalicionista

En estos días vuelve a circular, en formato de libro y de consigna, la vieja receta: unámonos “bajo un mismo lema sin perder identidades”.
Prometen que así se derrotará al Frente Amplio.
Mentira piadosa, pero mentira al fin.
Adelantamos, no existe eso de “coalicionista bajo un lema común sin perder identidad”.  Es impracticable.
Cuando entregás programa, relato y conducción, lo que sigue ya no es el Partido Colorado. Es otra cosa.

 

La doctrina del nuevo relato

Esa es la idea engañosa que inspira el libro La Coalición Republicana, escrito por Francisco Faig y prologado por los expresidentes Sanguinetti y Lacalle Herrera.
Allí se afirma que mientras el Frente Amplio piensa desde una lógica perversa  de “amigo/enemigo”, por otra lado la “Coalición” sería la forma de construir la casa de los patriotas pluralistas frente a los “globalistas” de centro o de izquierda. Idea propia del más rancio prejuicio nacionalista.
Y para justificar esa identidad común supuestamente patriótica, propone reescribir la historia de blancos y colorados, borrando las diferencias doctrinarias bajo un mismo relato supuestamente “republicano”, útil para  tejer un proyecto que incorpore al Partido Colorado bajo una versión ampliada del Partido Nacional.

Por otra parte, ese supuesto pluralismo es apenas retórico.
En realidad la doctrina que allí se predica está saturada de antifrenteamplismo, no como análisis político, sino como estado anímico: un impulso polarizador que reemplaza el pensamiento por el reflejo conservador.
No hay integración ni encuentro: hay una “contra” permanente que clausura cualquier proyecto ampliado de sensibilidad nacional.

Esa operación, presentada como reconciliación generosa entre algunos en aras de derrotar a otros, es en realidad una homologación forzada.
Cada vez que se reinterpreta el pasado, desaparece el batllismo social y aparece una sensibilidad ordenada, pulcra… y profundamente blanca.

 

El espejo del Frente Amplio

A cuenta de los precedente, no nos corran con que el Partido Socialista, la vieja 99 o el PDC “no perdieron identidad” por integrarse al Frente
Miren dónde quedaron sus doctrinas, sus símbolos y su autonomía, si los encuentran.  Fueron pulverizados por el populismo corporativo.
¿Y nosotros? ¿Vamos a hacer fila para que nos pase lo mismo en otro escenario?

 

El valor de lo neutro y la trampa de lo binario

El coalicionismo de lema común intenta encerrar al país en un dilema falso: o Frente o Coalición. Esa lógica binaria adelanta la segunda vuelta, al servicio de una candidatura anticipada de Luis Lacalle Pou, expulsa votantes independientes hacia el propio Frente Amplio, y minimiza las chances de elegir legisladores colorados

Defender el no fusionismo y la autonomía no es dividir: es mantener viva esa zona creativa del centro, donde conviven sensibilidad y razón.

Como recordaba Roland Barthes, lo neutro no es la tibieza del que no se juega, sino el gesto de quien se niega al chantaje de los polos.
En política, ese “neutro” es el lugar del pensamiento libre, el espacio donde el Partido Colorado siempre fue más fuerte: el punto de equilibrio que crea y convoca, que no se ofusca ni radicaliza. Y es en ese centro en el que se ubica la mayoría de nuestros ciudadanos, más allá de su pertenencias partidarias.

 

El fracaso de la marca “Coalición Republicana”

El engaño no solo está en el discurso: también está en los números.
Cada vez que los partidos no frenteamplistas se han presentado en octubre por separado, obtienen sumados más votos que cuando se funden bajo una marca común en el balotaje.  Ir juntos en octubre podría representar 100.000 votos menos, los que ya se han perdido en noviembre.

La Coalición Republicana que nunca llegó a funcionar siquiera como una consigna electoralmente eficaz,  además de fracasar a nivel popular, terminó vacía de un significado positivo.  En realidad, se le pretendió dar un carácter nominal y mágico a algo que ni formal ni en sustancia existía: fue un eslogan convertido en un mito vacío y fracasado.

Cuando se quiso vestir de doctrina lo que era apenas conveniencia para retener el control político y el poder, sin grandes ideas, el fracaso fue inevitable, no hubo seducción por fuera del núcleo duro de adherentes a los partidos que apoyaron a Álvaro Delgado. La incomprensible tentación de cristalizar ese ciclo bajo un nuevo lema común revela una extraña fascinación o la miope subordinacion a un liderazgo de vigencia incierta.

El problema de fondo es político, aunque se haya querido esconder: la gestión del gobierno presidido por Lacalle Pou fue insatisfactoria. Todos sabemos que la seguridad no mejoró, la economía no creció y en consecuencia se perdió la esperanza de cambio en los sectores medios y populares..

A eso se suma el desgaste ético. De Astesiano a Marset, pasando por los gobiernos departamentales, la grieta entre autoridad y confianza se volvió abismo. Sin credibilidad moral, no hay coalición que sostenga identidad.

 

Autonomía o subordinación

También nos dicen, en el reciente libro, que esto lo deben resolver las cúpulas, pasando por encima de los dirigentes medios.
Es el cuento del viejo verticalismo, maquillado de “madurez política”.

Pero la verdadera madurez de las organizaciones políticas consiste en arribar a posiciones comunes de modo orgánico y consensuado.  No negociadas entre dos o tres, los mismos de siempre.

 

Cómo crecer sin fusionarse.  El coraje de decir no.

¿Y cómo crecemos, si el fusionismo es una vía estéril y empequeñecedora?

Imprimiendo rumbo, creatividad y participación. En el Partido Colorado, renovando metas que le devuelvan su papel de vanguardia social, honestidad republicana y defensa de las libertades ciudadanas. Y procurando llegar al gobierno y administrar la República bajo esos criterios.

A los colorados de a pie, a los que militan o conservan sus convicciones batllistas en su vida privada:  no se dejen engañar por la moda del “todos juntos bajo otra bandera”.  Porque en esa maniobra del lema común te quitan lo esencial: las internas, la vida democrática y la participación. Y te quitan el Partido.

La identidad no se negocia ni se alquila para darle cuerpo a otro partido.
Se defiende. Y se hace crecer.

Con la frente alta, con la memoria viva y con el coraje de decir no, cuando hay que decir no.

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