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Editor responsable: Rafael Franzini Batlle
miércoles, febrero 4, 2026

Autonomía colorada y libertad departamental. El mensaje de Florida

El sentido de reconstruir el espacio batllista desde la identidad se expresa hoy en dos claves: la autonomía nacional y la libertad departamental. No son consignas: responden a hechos concretos. En los últimos años, decisiones centralizadas y acuerdos mal rotulados afectaron la iniciativa de los colorados en el territorio y abrieron dudas sobre el rumbo. Por eso es imprescindible reafirmar la soberanía política de cada departamento y, al mismo tiempo, ordenar una línea nacional coherente que preserve la identidad colorada frente a intentos de fusión o disolución.

Las elecciones departamentales dejaron una advertencia: bajo un mismo nombre se amontonaron realidades distintas —el acuerdo de gobierno de la administración Lacalle Pou, un lema departamental aplicado en Montevideo, Canelones y Salto, y la pretensión de unificar partidos en octubre—. Esa homonimia política generó equívocos y debilitó la claridad ante la ciudadanía. A ese conjunto heterogéneo se lo llamó, de modo equívoco, Coalición Republicana.

El mensaje de Florida

En Florida, los colorados no fusionistas afirmamos con claridad que el Partido no puede disolverse en un molde común. La Declaración de Florida sostuvo que la identidad no se negocia. No porque se rechace la necesidad de pactos de gobierno basados en programas, como ocurre en cualquier democracia moderna, ni la unidad nacional, sino porque la democracia requiere pluralidad de voces y partidos auténticos. Defender la identidad no es un capricho: es asegurar que exista una opción batllista reconocible, capaz de enriquecer la oferta pública y de hablarle a segmentos diversos del país.

La Declaración también proyectó una imagen organizadora: una asamblea batllista con delegados de todos los departamentos, independiente de los sectores hoy con expresión electoral. Un ámbito donde cada voz valga por su mérito y donde el Partido se escuche a sí mismo en toda su diversidad. Esa es la herramienta para recomponer confianza interna, ordenar prioridades y convertir convicciones en hoja de ruta.

Tres pilares doctrinarios, explicados una sola vez

  • Elecciones internas. Son el inicio de la cadena de legitimidad. Eliminarlas “para acortar el ciclo electoral” concentraría poder, empobrecería la representación y achicaría el partido hacia arriba. Con internas, la militancia selecciona liderazgos, ventila diferencias programáticas y compromete a todos con el resultado.
  • Balotaje. Obligando a construir mayorías en segunda vuelta, modera la polarización y premia a quien logre consensos programáticos amplios. Permite competir con identidad en octubre y cooperar con transparencia en noviembre, sin borrar a nadie.
  • No a la fusión de lemas y al doble voto simultáneo como ingeniería de disolución. Esa mecánica licua identidades y empuja a alineamientos por conveniencia personal, no por ideas. Un partido sano compite con su nombre y su programa; no se diluye para “sumar” numéricamente mientras resta sentido político.

Diferenciar los planos y devolver la soberanía a los departamentos

Son planos distintos y deben tratarse como tales: (1) la estrategia nacional de identidad y candidatura propia(2) los acuerdos de gobierno programáticos y (3) las alianzas departamentales. Mezclarlos confunde y desordena. A nivel territorial, corresponde dejar jugar la libertad y la autonomía departamental: que las Convenciones y Comités Ejecutivos Departamentales decidan si conviene o no un entendimiento local, con reglas claras y dentro de un marco de unidad nacional. No se deben imponer estrategias globales que fuercen la voluntad de los colorados de cada departamento.

Disciplina sin revancha

En varios departamentos, habiendo candidatos colorados, dirigentes apoyaron postulaciones de otros partidos. La Comisión de Disciplina debe actuar: un apercibimiento u otras medidas proporcionales dejan claro que la lealtad al lema importa y previenen repeticiones. Pero la disciplina no es un instrumento para romper: sanciona, ordena y educa; luego, el proyecto común debe abrir camino a la reincorporación de quienes quieran alinearse a reglas y objetivos.

Candidaturas y liderazgo territorial, con método

Otro aprendizaje: en Montevideo y Canelones las candidaturas coloradas llegaron tarde y con preparación insuficiente. Así, más que competir, acompañaron a terceros. Para revertirlo, el Partido debe seleccionar, formar y respaldar liderazgos locales en todo el país con anticipación: perfiles con arraigo social, equipos programáticos y metas medibles. Competir “en serio” no es un gesto simbólico: es trabajo temprano, datos, propuesta y presencia sostenida.

Renovación programática: método antes que marketing

El relanzamiento colorado no puede apoyarse en campañas publicitarias. Requiere un proceso diagnóstico y programático compartido: datos de realidad por departamento, metas nacionales verificables y un lenguaje claro que vincule el batllismo con desafíos actuales (empleo de calidad, innovación, seguridad humana, educación con resultados, políticas sociales efectivas y evaluación de impacto). Identidad sin programa no proyecta; programa sin identidad no convoca. La combinación de ambas es la que devuelve vocación de mayoría.

Mirada hacia adelante

La próxima Convención puede ordenar estas decisiones:

  1. ratificar no fusionismo y candidatura propia en la escena nacional;
  2. habilitar autonomía departamental regulada para eventuales acuerdos locales;
  3. fortalecer Comisiones de Disciplina con criterios claros y plazos;
  4. convocar la asamblea batllista para fijar prioridades y método de trabajo;
  5. lanzar un calendario de formación y selección de liderazgos en todo el país.

Conclusión

La síntesis es nítida y no se repite en vano: identidad preservada a nivel nacional, libertad responsable a nivel departamental, disciplina proporcional y renovación programática con método. Con ese orden, el Partido Colorado recupera claridad ante la ciudadanía y vuelve a competir por convicción, no por reflejo. Esa es la forma de reconstruir confianza, crecer y ofrecer al Uruguay una voz batllista actualizada, necesaria y útil.

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