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Editor responsable: Rafael Franzini Batlle
miércoles, febrero 4, 2026

La era del plástico: un legado tóxico

Los microplásticos han colonizado nuestro cuerpo y su destino favorito es el cerebro.Un estudio reciente en Nature Medicine revela que estas partículas se acumulan en órganos vitales, con concentraciones alarmantes en el cerebro humano, especialmente en personas con demencia.

Para nuestros bisabuelos, nacidos en el siglo XIX o principios del XX, la omnipresencia del plástico habría sido inimaginable. Hoy, sin embargo, este material sintético domina nuestra vida cotidiana. Según datos de la ONG española ecoDes, la producción global de plásticos pasó de 2 millones de toneladas en 1950 a 400 millones en 2018. Para visualizarlo: esa cifra equivale a 13 millones de camiones cisterna de 30 toneladas alineados en un convoy interminable.

El problema no solo radica en su producción, sino en su destino final. Cada año, 8 millones de toneladas de plástico terminan en los océanos, como si se vaciara un camión de basura lleno de plástico cada minuto. De seguir esta tendencia, para 2050 habrá más plástico que peces en los mares, advierten los expertos. Pero el plástico no solo contamina el medio ambiente; ha comenzado a colonizar nuestros cuerpos.

Microplásticos: de los océanos a nuestros órganos

Hace dos décadas, el biólogo marino Richard Thompson y su equipo de la Universidad de Plymouth demostraron que el plástico se degrada en los océanos desde la década de 1960, fragmentándose en partículas cada vez más pequeñas. Hoy, esos microplásticos (MP) y nanoplásticos (NP) —colectivamente llamados MNP— no solo flotan en el agua: los inhalamos, los bebemos y los ingerimos a través de los alimentos.

El estudio de Nature Medicine ha confirmado lo que muchos temían: estas partículas no solo circulan por nuestro cuerpo, sino que se acumulan en órganos vitales, con una predilección alarmante por el cerebro.

El cerebro: el “santuario” de los microplásticos

El equipo de investigación, liderado por Matthew Campen de la Universidad de Nuevo México, analizó muestras de hígado, riñón y cerebro de 52 autopsias realizadas entre 2016 y 2024. Los resultados fueron contundentes:

•⁠ ⁠Los MNP están presentes en todos los órganos analizados, siendo el polietileno el polímero más abundante.
•⁠ ⁠El cerebro alberga concentraciones significativamente mayores (entre 7 y 30 veces más) que el hígado o el riñón.
•⁠ ⁠La cantidad de plásticos en el cerebro aumentó un 50% en solo ocho años, lo que sugiere una exposición creciente.

Pero el hallazgo más preocupante fue este: las personas con diagnóstico de demencia presentaban acumulaciones aún mayores de MNP, particularmente en las paredes cerebrovasculares y células inmunitarias.

¿Qué significa esto para la salud humana?

Aunque el estudio no establece una relación causal directa entre los MNP y la demencia, los investigadores advierten:

•⁠ ⁠Los plásticos podrían atravesar la barrera hematoencefálica, acumulándose en el tejido cerebral.
•⁠ ⁠Su presencia en células inmunitarias sugiere que pueden desencadenar inflamación crónica, un factor vinculado a enfermedades neurodegenerativas.
•⁠ ⁠Dado que la producción de plásticos sigue en aumento, la exposición humana podría escalar exponencialmente.

Conclusión: un problema que ya está aquí

No se trata de un escenario distópico futuro: los microplásticos ya están en nosotros, y su impacto en la salud podría ser más grave de lo que imaginamos. Urgen más investigaciones para entender sus efectos a largo plazo, pero también políticas globales que reduzcan la producción y el consumo de plásticos. Mientras tanto, cada botella, cada envoltorio y cada bolsa que desechamos no desaparece: se convierte en parte de nuestro entorno… y de nuestro cuerpo.

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