A la pregunta, ¿los muertos merecen respeto? Entiendo que sí, por el mero hecho de que no pueden defenderse. No obstante, cuando falleció “ el Mujica de derecha”, Benito Nardone Cetrullo, el 25 de marzo de 1964, EL DIA escribió: “Sobre su prédica demagógica y su nefasta influencia en la política nacional, este diario ya ha expresado en múltiples ocasiones su opinión. “
El pasado 13 de mayo falleció otro de los grandes uruguayos de todos los tiempos, José Mujica Cordano. Un fenómeno fascinante. Al igual que el protagonista de Desde el Jardín, la novela de Jerzy Kosinski, el ex tupamaro, sin relieve intelectual apreciable, tenía una expresividad desmañada.
Se valía de su sentido común y era entrador en ciudadanos de escasa formación cultural. De hecho, parte de su electorado viró cinco años después a favor del General Guido Manini Ríos, en la derecha nacional.
Mujica y Chico Tazo empleaban expresiones pintorescas de raíz paisana. El fallecido presidente llamó a Neber Araujo, insigne periodista de fines del siglo XX “nabo” (2003). A otra educada periodista, Raquel Daruech, le dijo “no seas choriza”. Siete años después, su gobierno viraría al wokismo emancipador y a la denostación del moderno Estado de Israel. La Embajada de la Autoridad Palestina, sembradora del antisionismo charrúa, también fue parte de su legado. Se adelantó once años al libelo de “Israel genocida”. Su canciller Luis Almagro no le quedó en zaga en cuanto a volteretas ideológicas.
Manipulador de argumentos que provocaban rubor, como te digo una cosa, te digo otra… Fingía carencias intelectuales. Logró transformarse en paladín de la izquierda mundial en su prédica ecologista, panteísta y anti-consumista.
Dejó dos grandes obras, la universidad tecnológica y la matriz energética eólica y decenas de fracasos que llevaron a la victoria del Partido Nacional cinco años después.
La fuerza política que impulsó, el Movimiento de Participación Popular, fue en las últimas elecciones, la fuerza más votada del Frente Amplio, llevándose puesto a liberales de izquierda y comunistas. Gobernó en sintonía con su pareja, Lucía Topolansky, como Javier Milei lo hace con su hermana Karina.
El Presidente “Minguito” tuvo un mentor del cual tomó prestadas todas las dotes que le hiciesen el uruguayo más relevante del siglo XXI: Benito Nardone Cetrullo, con quién inició su carrera política.
Nardone nació el 22 de noviembre de 1906 y también llegó a la presidencia (del Colegiado). Hijo de un obrero portuario Nicolás Nardone que a diferencia de su hijo era liberal, garibaldino, masón como también lo sería Benito que a su vez llegó al grado 30, hasta que un día abandonó la logia.
Su nombre hace honor a Benito Juárez. Fue autor de couplés de carnaval y letras de tango. Cronista policial de EL DIA, pero despedido por adherir a una huelga. De allí pasó al terrismo y su medio de prensa, El Pueblo.
Dice Lincoln Maiztegui, su perspicaz inteligencia despertó la atención del senador colorado riverista, Domingo Bordaberry Elizondo (1889- 1952), abogado, productor rural, empresario de la prensa rural y gremialista, padre de la dinastía. El legislador se lo llevó a Durazno a vivir y trabajar con él en la estancia Los Paraísos.
Fue electo convencional del Partido Colorado. En 1938 era candidato a diputado por el riverismo.
En 1945, Bordaberry Elizondo se hizo permisario de una onda de radio que cambió la historia nacional. Su espacio, a las 11 y 30 de la mañana, comenzaba con un saludo a los productores rurales del país y de los países vecinos.
En 1951, Nardone fundó la Liga Federal de Acción Ruralista que agrupaba a pequeños propietarios de la tierra que luchaban por su subsistencia, los “botudos”. Las asambleas eran llamadas Cabildos Abiertos y se autopercibían artiguistas. Un calco de “Un solo Uruguay”. La historia no se repite pero rima.
En 1954 recomendó votar por Luis Batlle Berres y cuatro años más tarde definía al líder batllista y a sus partidarios como “comunistas de chapa 15”.
Un personaje de discurso conservador, quién logró el apoyo de algunas prestigiosas figuras intelectuales que más tarde serían parte de la usina ideológica de la izquierda, como Enrique Erro, otro mentor de José Mujica.
Chico Tazo (¿de Chico Carlo?), al igual que la estrella pop del progresismo mundial, comenzó a adoptar el personaje de ruralista, tanto en su vestimenta como en su lenguaje y siempre fue centro de los ambientes que frecuentaba. Sustituía, adrede, la letra L por la R. El diario del cual fue periodista, luego de su metamorfosis se transformó en “Er Día”.
Su lenguaje metafórico tendía a revolucionar al gremialismo rural en su defensa de los “botudos” respecto de los “galerudos”, es decir el pequeño propietario que lucha por su subsistencia respecto del terrateniente que hacía atender sus establecimientos desde Montevideo a través de peones y capataces.
A diferencia del Presidente recientemente fallecido, un día rompió con el estatismo batllista, explotador del trabajo del campo a favor de los parásitos de la ciudad.
En los años cincuenta vira hacia el nacionalismo, la defensa del conservadurismo de origen cristiano, el liberalismo económico y el anticomunismo. Fue el padre de la victoria del Partido Nacional en 1958 en alianza con Luis Alberto de Herrera. Como veremos en la próxima entrega, fue un involuntario padre ideológico de la dictadura militar – 1973-1985-.
En agosto de 1961, el entonces presidente del colegiado, Eduardo Victor Haedo, invitó al ministro de Hacienda de Cuba de origen argentino, Ernesto Che Guevara, a quién convidó con un mate. Nardone hizo luego un acto de desagravio de la infusión guaraní la cual estuvo en manos de un comunista!!!. Veo también en el Senador blanco Sebastián Da Silva visos de chicotacismo, pero en vez de la “SPICA” usa la red X.
Nardone fue artífice del Banco de Previsión Social y del Banco Central del Uruguay, consagrado en la reforma constitucional de 1967, cuando ya había fallecido.
Cuenta Maiztegui que antes de la asunción en 1959, el embajador de Estados Unidos pidió una reunión con el nuevo gobierno electo en alianza con Luis Alberto de Herrera, un viejo antiamericano. Nardone lo tranquilizó recordando que el viejo caudillo blanco no formaría parte del Consejo Nacional de Gobierno. Este se sintió agraviado e hizo circular un volante que rezaba: Una comadreja colorada se nos ha metido en el rancho de los blancos. Chúmbele los perros. Herrera fallecería un mes después.
El Mujica de derecha, a diferencia del de izquierdas, dejó este mundo en medio de una gran impopularidad y de rechazo por el personaje que había creado.
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