
La presentación de un proyecto de reforma constitucional por seis senadores el pasado 27 de noviembre, permite seguir explorando los problemas y urgentes necesidades de transformación que experimenta el sistema político chileno y en particular su sistema de partidos. El proyecto, como he comentado antes en este espacio de opinión, adolece de importantes defectos, alguno de ellos provocado quizás por la necesidad de aunar respaldos corporativos como es el caso de castigar con la pérdida del derecho a ocupar su escaño a diputados electos cuyos partidos no hayan alcanzado los umbrales de votos nacionales o número de parlamentarios electos, pero no aplicar la misma medida para los senadores electos en la misma circunstancia, lo que es simplemente inexplicable… o perfectamente explicable por la razón que apunté líneas arriba.

