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Editor responsable: Rafael Franzini Batlle
miércoles, febrero 4, 2026

7 de octubre

370 días desde la masacre de Simjat Torah. Primeras semanas de la tercera guerra del Líbano.

Vivimos la primer semana,  del segundo año de la malograda guerra de liberación islamista y la víspera del Día del Perdón.  Me apresto a ir a la sinagoga, donde todos miran para abajo cuando me ven. Es que ellos son religiosos y yo demasiado epicúreo. Ya se inició, hace diez días, el año judío5785.

Mi sobrino está movilizado en el norte de Israel, no sabemos de qué lado de la frontera. Con 31 años, ya es veterano de dos guerras y llevará consigo el recuerdo de haber recogido los cadáveres de amas de casa, bebés y niños, entre otros, en el Kibbutz Be’eri. Su brigada fue diezmada en 2014, cuando enuna fracasada invasión terrestre a Gaza se topó con la sorpresa de los túneles.

Desde el campo gazatí, el prestigioso medio Al Arabiya publica el testimonio de un sobreviviente a la invasión israelí:
“Perdí mi hogar, perdí a mi familia y a mis hermanos, pero Inch Allah, esas fueron pérdidas tácticas (*)

En nuestra otrora tacita de plata, cuatro hechos sonaron en las redes.  

Primero el acto sionista del 7 de octubre en la Plaza Trouville, donde buena parte del espectro político se hizo presente, incluídos Yamandú Orsi y Carolina Cosse.

En mi red social, con otro nombre, la gente confundió un comentario que realicé, con una convocatoria que la Profesora Blanca Rodríguez hacía a la marcha que Coordinadora por Palestina citó en nuestra principal avenida, disimuladamente dos días después del aniversario del derrumbe de Occidente.

La recientemente jubilada periodista dijo que ella o bien no la apoyaba o bien no invitaba expresamente, en una respuesta muy propia de su ex líder, José Mujica.

Una horas después, un comando anarquista vandalizó una obra artísticarealizada por una judía progresista en el Barrio de Villa Muñoz, que se llama El Abrazo de dos Pueblos.  

A pocas cuadras, en el Comité de Base de la calle Arenal Grande y  Vilardebó, los militantes se expresan en el frente de su club, diciendo que la guerra se debe a la codicia judía. ¿Fiscalía? Bien gracias.

Todo esto parece una narración del audiovisual Tiranos Temblad” y ello que no les conté que un arquitecto judío concurrió a la marcha de los agitadores pro palestinos, nada pacífica, porque solo portaban banderas de uno de los bandos y llamaban a las sanciones y destrucción política del otro. Por suerte el abuelo judío volvió a su casa sin magullones. Somos tercermundistas, pero no tanto.

Mi  ex compañero de facultad y comunicador, Fredy Petinatti Nieuchovicz, hizo público un tuit donde probaba que las clases en la Facultad de Artes se suspendían para que los alumnos y alumnas pudiesen concurrir a la marcha pro – palestina. ¿Rector Rodrigo Arim?  Pasándola bien supongo.  Nunca le dió la capacidad para arreglar un problema similar en la Facultad de Humanidades. Reina pero no gobierna.

Les cuento otro secreto a voces.  Los proyectos recordatorios del holocausto están suspendidos en la enseñanza media pública. No quieren problemas.

Si bien del lado israelí, tampoco abunda la sensatez, mis admirados periodistas de Radio Kan en Jerusalém, entrevistaron al sobreviviente de la masacre del 7 de octubre, Marcelo Vaser.  

El sesentón es veterano de la Primera Guerra del Líbano. Hoy está encargado del tambo del Kibbutz NIRIM, distante dos kilómetros del frente de guerra en el sur de Israel y por supuesto, víctima de la hazaña palestina.  

Lo que los sectores productivos saben mejor que los estudiantes de Bellas Artes, es que en cualquier circunstancia las vacas  sionistas deben ser ordeñadas.

Desde el día de la masacre, casi en solitario, él sigue cumpliendo su tarea. Su Kibbutz, está vació y es zona militar.  

El debería dormir en la ciudad sureña de Ber Sheva como el resto de los otroras campesinos, pero a veces el cansancio puede más y trata de conciliar el sueño escuchando las balaceras y explosiones que ocurren del otro lado de la valla que divide un proyecto terrenal con otro mileniarista.

A la fecha del primer aniversario de la gesta palestina del 7 de octubre, 31 hogares siguen quemados y esperando un mejor destino.  Los cadáveres de seis miembros de la aldea colectiva son guardados como presa de cambio en los túneles gazatíes, mientras en la superficie, una ciudad mediterránea se ha transformado en un terreno baldío.

Marcelo Vaser le hizo saber a Netanyahu que el Kibbutz no se sumaría al acto oficial.  

Las familias de la granja socialista se dividen en tres bandos. Los que jamás van a volver, los que solo volverían si el gobierno les garantiza la seguridad y los que cuentan los días para retornar los cultivos.

Vaser culminó la nota diciendo que para él, el 7 de octubre nunca terminó, es un día que revive en su mente a cada hora, pese a que el claro sol de la Tierra de Israel – Palestina ya se ocultó unas 370 veces.

Dios proteja a mi apreciado sobrino. El pueblo de Israel sobrevivirá.

(*)العربية

@AlArabiya

فلسطيني من غزة يرد على خالد مشعل: “خسرت بيتي وعائلتي وإخوتي.. الحمد لله خسائرنا تكتيكية!” #غزة#العربية

Un palestino de Gaza responde a Khaled Meshaal: “Perdí mi hogar, mi familia y mis hermanos… ¡Gracias a Dios, nuestras pérdidas fueron tácticas!” #غزة

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